lunes, 17 de octubre de 2016

LAS PALABRAS Y LOS MUERTOS

Conocí a Amir Valle en los talleres literarios de Santiago de Cuba, allá por los años 70/80. Desde que leí sus primeros trabajos me di cuenta enseguida de que estaba leyendo a un futuro gran escritor. El tiempo me ha dado la razón, pues a día de hoy Amir es uno de los mejores escritores cubanos vivos, y sólo hay que leer sus últimos libros para estar de acuerdo con tal afirmación. Uno de esos libros es una especie de ensalada en la que cabría catalogar la obra como novela sin ficción (estilo Truman Capote), o novela realista ficcionada, historia novelada, crónica, semblanza de una época, y lo que el lector quiera entender, pues lo importante en este libro es la sincronización lograda entre el contenido y el continente, que en ningún momento pierde el interés. La novela se titula Las palabras y los muertos, editada por la Editorial Almuzara, España, en 2015...

Para mí el mérito mayor de la obra es la humanización de los personajes (que son reales en la vida y que incluso se mencionan con sus verdaderos nombres), descritos todos con sus virtudes y sus defectos, lo que hace creíble lo que se expone en la narración, aunque no sé en realidad si todo es una invención literaria basada en hechos reales o una recreación de esa realidad ante la que a veces podemos preguntarnos si está defendiendo o atacando la llamada “revolución cubana” con sus principales figuras y episodios vistos desde la distancia, sin tomar partido, mediante la perspectiva de un hombre que es “la sombra” del dictador, junto al que permanece casi las 24 horas del día, y con el que intercambia puntos de vista, opiniones y hasta secretos que sólo “el Jefe” (Castro) le confiesa, pues lo considera su hombre de más confianza, incluso más que su propio hermano, al que le señala sus “debilidades” y errores y en el que no confía tanto...

Casi toda la novela se desarrolla en despachos de los líderes (donde se toman las decisiones de lo que se va a hacer, sin contar mínimamente con lo que opinan los cubanos de a pie, la inmensa mayoría que malvive entre escaseces, opresiones, censuras y humillaciones a granel) y en lo que cuenta Facundo (la sombra) a su esposa en su casa, que no es más que una recreación del pasado y el presente de una sociedad condenada a vivir bajo el yugo comunista, en la que no se ve ningún amago de rebeldía, únicamente resuelto con la idea fija que tiene la  población mayoritaria de largarse del país en busca de otra vida con libertad y sobre todo abastecimientos y dinero, que es lo que parece priorizar la sociedad enferma que acepta callada el destino que le ha tocado vivir. Amir no da ni un solo ejemplo de algún sector de esa población que no esté dispuesto a aceptar sin remedio la situación que vive, lo que nos pone a pensar, a intentar descifrar qué mensaje nos quiso dar, si es que la literatura debe dar algún mensaje aparte del disfrute de leer lo que tan bien escrito está, como es el caso que me ocupa...

Quizás el autor podría haber explotado más la interesante figura del Che, que daría sin dudas muchas situaciones claves de este medio siglo histórico que ha vivido Cuba. Pero eso es privativo del escritor y yo soy sólo uno de sus muchísimos lectores. No obstante, Amir Valle ha logrado una síntesis de la historia de estos 50 años (con pasajes de antes del triunfo revolucionario) que da al lector no cubano una visión efectiva de lo que el castrismo ha significado para esa irónicamente llamada “isla de la libertad” (los comunistas son expertos en autodefinirse precisamente como lo contrario a lo que son en realidad), con maestría formal, dejándonos una de las grandes novelas “de la revolución” escritas desde que comenzó la era del error y el terror en la Cuba de los Castro...

Augusto Lázaro




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