domingo, 18 de mayo de 2014

¿NECESIDAD DE MENTIR?

Nada vale la pena, le digo a mi imagen reflejada en el espejo, conciente de que el espejo es lo único que jamás me ha mentido, contando las 3 divisiones naturales: personas, animales y cosas. Porque aparte del espejo, que pertenece a las cosas, y de los animales que no mienten porque no hablan, las personas que he conocido a lo largo de mi vida me han mentido, al menos en algún momento, y muchas, demasiadas, en muchos y demasiados momentos. Sí, me he vuelto pesimista, mejor dicho, me he vuelto mucho más pesimista ahora que hace 10 o 25 años, porque pesimista he sido siempre, desde que di el salto inevitable y peligroso de la infancia a la adolescencia, en la cual comencé a descubrir cuánta maldad podía esconderse tras la fachada de los seres humanos...

Cada nuevo día que salgo a la calle y me encuentro con alguien que conozco, veo en sus ojos falta de sinceridad, porque la vida que vivimos y todo lo que nos rodea nos obliga a tener una máscara que usamos con todas las personas con las que tenemos algún tipo de relación. Mentir se ha convertido en cosa natural, y lo hemos aceptado como lo normal en nuestras relaciones diarias con los seres humanos que cada vez se alejan (nos alejamos) más de la sinceridad...

Algunas personas se escudan para mentir en situaciones de excepción o en la llamada "diplomacia" (que no es más que hipocresía) de que no siempre puede decirse la verdad, y señalan ejemplos, entre ellos los siguientes:

--si te enseñan un recién nacido que es un coco, no vas a decirle a la madre "qué niño tan feo, coño"

--si te acercas a la cama de un moribundo ¿vas a expresarle tu dolor porque está a punto de fallecer?

--si te preguntan cómo estás, suponiendo que estés que no quieres ver a nadie, no te vas a salir con "estoy fatal, no quiero hablar contigo ni con nadie, así que circula, hombre, y déjame en paz"

Y así muchos ejemplos de muchas situaciones que si bien es cierto que son casos excepcionales, nunca justificarían mentir para quedar bien y engañar al interlocutor. ¿Qué pudiera decirse en estos casos? Muy sencillo: si el niño referido es un coco, no tienes que elogiarlo, simplemente decirle a la madre que te alegras de su nueva condición y ya está, por ejemplo. Y así en todos los casos. El caso es que para cualquier situación yo entiendo que no es obligatorio mentir, siempre puede salirse del paso diciendo una verdad, como en el caso del moribundo: ¿por qué tienes que hacer alusión a su estado de salud en fase terminal? ¿Es imprescindible?

Pero no hay manera: seguiremos mintiendo, porque esa es nuestra idiosincrasia inevitable, y ejercerla es más que una costumbre, una característica propia de los seres humanos. Pero lo peor, lo que realmente puede hacernos mucho daño (y a veces nos lo hace en demasía) es que nos mentimos a nosotros mismos, engañándonos, diciéndonos cosas en las que no creemos, y soñando despiertos (que es tan bonito como inútil), y sobre todo, prometiéndonos que haremos lo que sabemos que no vamos a cumplir. Eso, aunque nos pese reconocerlo, es la peor variante de ejercitar el "arte de mentir"... porque hay quienes proclaman que mentir es un arte. Y no todos somos artistas...

Augusto Lázaro
@augustodelatorr