lunes, 4 de febrero de 2013

LA MISIONERA


Nate contempló la sepultura donde dormía su sueño definitivo la misionera Rachel, y sintió un dolor que le oprimía el pecho: aquella mujer ejemplar le había enseñado que el dinero no era nada cuando se vivía entre la gente que se amaba, como ella, y dedicada a ayudar, servir y hacer el bien sin ningún tipo de interés. Rachel marcó su vida y su ejemplo perduraría para siempre en su memoria... Estoy glosando la escena más conmovedora de la novela EL TESTAMENTO de John Grisham. Una novela que hay que leer con cuidado y atención. Rodeado de la ambición y la lucha por una fortuna a heredar, que no hace más que generar desdicha entre los hijos del millonario muerto, hastiado de ese mundo hipócrita y cainita que sólo busca obtener la parte de esa herencia que los hará ricos, poderosos, y piensan ellos erróneamente que felices, el abogado Nate O’Riley se encuentra a una misionera que sin tener ni querer tener nada y mucho menos la fortuna disputada, es la persona más feliz que ha conocido.

John Grisham tiene la rara virtud de ganarse al lector desde las primeras páginas de cada uno de sus libros. El lector que comienza  a leerlo siente la necesidad de continuar leyéndolo y hasta le pesa interrumpir su lectura, siempre larga, pues sus libros son extensos, aunque (y es otra virtud) nunca aburren, siempre dicen cosas nuevas que interesan y conmueven, sin usar apenas adjetivos, con un lenguaje directo y sin adornos, haciendo diana en las miserias humanas que lamentablemente enturbian este mundo tan complejo y absurdo. EL TESTAMENTO (The testament) es una gran novela que enseña los valores no económicos que la vida nos regala... si sabemos aprovecharlos... y de ese modo luchar por ser felices.

Troy Phelan es un anciano multimillonario y cascarrabias que está a punto de morir y adelanta su muerte por propia decisión, mientras sus hijos ansían ese desenlace y luchan entre ellos a causa de la inmensa fortuna que piensan y anhelan heredar. Sus luchas fratricidas son tan crueles como estúpidas, hasta que se desvela el testamento final que ellos hacen lo posible por anular, porque no les deja ni un céntimo, sino toda la fortuna  a una hija ilegítima que vive rodeada de indígenas ipicas en el Matto Grosso, ignorante de la tempestad que por ella y por su enorme herencia se ha desatado en la civilización egoísta. Una herencia que consta nada menos que de ¡once mil millones de dólares!, en su totalidad dejados por el viejo a esa hija perdida allá en la tierra ignota como misionera que vive con esa tribu a la que quiere, defiende, ayuda, y siente como su única familia.

Y el abogado O’Riley se embarca en una aventura que cambiará totalmente su vida disipada, en busca de la heredera incógnita, en una zona intrincada llamada El Pantanal, en el Brasil que desconoce la “civilización” con sus virtudes y sus vicios cuyas consecuencias los indígenas sabiamente rechazan. El encuentro entre esas dos personas tan distantes y distintas es un capítulo que hace pensar. Son dos mundos antípodas en que al final el gran capitalismo desarrollado es vencido por la humildad y la sencillez de esa inreíble mujer que vive para los demás y a quien el dinero no le dice lo más mínimo.

Rachel es un personaje que se mete fácilmente en nuestros corazones: una mujer a la que nos gustaría conocer, capaz de enseñarnos cuánta vanidad inútil y estúpida es capaz de almacenar la mente humana. Logra con su amor a los seres entre los que vive, dichosa por vivir de esa forma, cambiar totalmente la mentalidad del abogado rico, y esos días que éste pasa junto a ella en plena selva, serán en lo adelante los días más importantes que ha vivido.

Aunque Rachel rechaza la fortuna heredada, al final enferma de malaria y muere, y cuando O’Riley regresa en busca de su respuesta definitiva, sólo encuentra su sepultura tan sencilla como ella misma, con un certificado autorizándolo como albacea para que use esos once mil millones en obras de beneficio a personas necesitadas como esos ipicas entre los que ella vivió y fue tan feliz...

Augusto Lázaro


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