domingo, 25 de noviembre de 2012

DESPERTAR DE AQUEL SUEÑO


Hace algún tiempo tuve una amiga llamada Amilamia a la que nunca conocí personalmente. La conocí por Internet (que no sólo nos da penas) cuando descubrí su blog donde escribía cosas que parecían creadas por un ángel de esos que a veces uno se imagina que existen, porque soñar es la mejor solución ante cualquier adversidad. Eran escritos llenos de poesía, de esa poesía que llena el alma de una sensación alegre y quizás algo así como feliz. Y yo entonces soñé con ese ángel. Y me sentí alegre. Y quizás fui feliz...
Comenzamos a escribirnos casi a diario, a enviarnos fotos, poemas, cuentos, y un día a ella se le ocurrió que podíamos leer algún texto juntos, o sea, los dos al mismo tiempo, ella en su país y yo en el mío, y después escribir un comentario con nuestras opiniones, enviándonos los mismos mutuamente. Era una relación sin ningún otro fin que mantenernos en contacto a través de Internet, de saber cosas el uno del otro, de decirnos cómo vivíamos y lo que esperábamos de esta vida tan corta y que tantas sorpresas acostumbra a darnos. Sí, quizás fui feliz...
Pero un día Amilamia dejó de escribirme. De súbito, sin decirme por qué ni dejarme siquiera la esperanza de que su decisión estaba motivada por alguna circunstancia ajena y tal vez personal, que no le había dejado tiempo para avisarme de aquella actitud tan inesperada e incomprensible. Pero no era nada de eso: ella seguía existiendo, llenando el éter de su prosa poética tan bella y de sus ocurrencias que lanzaba al aire con la ingenuidad de la juventud que sólo ve colores y jardines de flores en su entorno. Lo supe, porque busqué su blog y vi que no había ninguna circunstancia ajena. Sólo había interrupción y olvido. Así de simple... ¡y de terrible!

Y recordé aquellos versos que surgieron un día como premonición a lo que podría suceder...

Te vas, así de simple, condenándome

como a un proscrito huido de su destino histórico

a echarte de menos, a echar de menos

tu sonrisa refrescante como un copo de nieve

aunque llena del calor de la luz que proyectas

y que ya siempre se extenderá en el éter

de una imagen desvanecida y tierna

pero siempre lejos,

pero siempre ausente...



Augusto Lázaro

@augustodelatorr