lunes, 30 de enero de 2017

EL IMPARABLE ASCENSO DE LA ESTUPIDEZ

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He leído que Albert Einstein tenía 160 de coeficiente intelectual. No sé si será cierto. Tampoco sé si es un coeficiente alto, normal o bajo (me inclino por lo primero), pero echando un vistazo a cómo va el mundo (y el mundo lo componen las personas, la Naturaleza, y otras cosas, la mayoría de las cuales han sido creadas por seres humanos, para bien algunas, para mal otras) el coeficiente intelectual de los habitantes de este planeta va en picada cada vez con más fuerza. Porque de casi todas las calamidades que estamos (y estaremos) padeciendo, tienen la culpa los seres humanos que al parecer cada día pierden un poquito más de sus capacidades intelectuales y se suman a quienes se dedican a perder su tiempo en actividades que nada producen y sí los arrastran, irreversiblemente, a una decadencia que a la larga perjudicará a todos los habitantes de La Tierra, no sólo a ésos que cada vez se acercan más a una nueva mayoría imparable y dominante...

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Einstein dijo una vez que “en la vida sólo hay dos cosas infinitas: el Universo, y la estupidez humana... y a veces dudo de la primera”. Quizás el cerebro más preclaro del siglo XX previó (citando el subtítulo del libro de Pino Aprile) “el imparable ascenso de la estupidez”, lo que puede fácilmente comprobarse en las conversaciones que mantienen las personas, sobre todo los jóvenes, y hablo, claro, de la mayoría, no de todos, en las que no se oye nada que tenga que ver con asuntos culturales o de interés científico, técnico, artístico, literario, etc., sino sólo de asuntos tan baladíes y reiterativos que tal vez por eso los jóvenes han decidido que, como tienen poco o nada de interés que decir, lo mejor es dedicarse a sus aparaticos llamados móviles (en América celulares) y olvidarse de cualquier contacto realmente humano con amigos o conocidos con los que suelen compartir parte de su tiempo. Por cierto que últimamente no son sólo los jóvenes los que manipulan a sus anchas ese aparatico que forma una parte importante de su quehacer vital, en cualquier sitio donde estén...

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No es que yo sea de esos que suelen decir “cualquier tiempo pasado fue mejor”, cosa por cierto muy discutible según desde qué punto se analice o se mire, pero confieso que tanta estupidez no la había visto antes, y lo peor, la celebración y el apoyo con que cuentan quienes menos capacitados están para ocupar ciertos cargos o ser un personaje vomitivo que triunfa en la TV. No hay más que leer la mayoría de los libros que se publican, las canciones que triunfan y arrastran pasiones, las obras que se presentan como gran arte, los “aportes” que se hacen a las distintas manifestaciones de la ciencia y la técnica, donde diariamente aparecen nombres que supuestamente han “creado” algo bueno para la humanidad, que después de algunas semanas jamás se vuelve a mencionar. El tiempo en que vivimos lo resume claramente un microdiálogo sostenido por un padre con su hijo. El padre le dice:
--¿Y qué quisieras ser cuando seas grande, hijo?
El hijo no lo piensa dos veces y le contesta:
--¿Yo? Hombre, papi, pues... un idiota...

Augusto Lázaro



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miércoles, 18 de enero de 2017

LA GENERACION DEL MOVIL

La palabra “progreso” se utiliza en muchas dudosas ocasiones. A veces el tal progreso sólo significa que nos estamos deshumanizando lentamente, y que el encuentro que hemos tenido siempre con nuestros semejantes se ha convertido en un contacto inalámbrico donde sólo se ven imágenes y letras de amigos y familiares, a quienes nunca se tienen frente a nosotros, o sea, “en persona”. Porque comunicarnos con ellos es en realidad comunicarnos con una máquina, un aparato, una pantalla impersonal...

Se ha vuelto algo normal entrar en un autobús, por ejemplo, y observar que el 80% (y me quedo corto) de los viajeros están atentos a ese aparatico que controla la vida de las personas como si éstas dependieran de él para todo lo que tienen que hacer, y se olvidaran de que la vida tiene otras cosas que poco a poco se van reduciendo al móvil (celular) y algo más como comer, estudiar o trabajar (quienes lo hacen), si acaso ver algún programa mierdero en la TV, y nada más. ¿Y los amigos, las relaciones con la humanidad, el encuentro para pasar un buen rato, etc.? Pues nada, todo vía móvil. El móvil es el contacto principal (y pronto será el único) que se tiene con los amigos, conocidos, hasta con el estudio y el trabajo que ya pronto dependerán de pantallas en lugar de pupitres, cuadernos, libros, herramientas, etc. La generación del móvil impera y es indetenible. Y lo peor todavía no ha llegado. Es bueno leer esa novela de Asimov titulada EL SOL DESNUDO (The naked sun) para hacernos una idea de cómo viviremos dentro de muy poco tiempo... los que no nos hayamos muerto antes, por supuesto...

Una anécdota que casi no puede creerse podría ilustrar estas opiniones:

4 chicas (2 estudiantes, 1 trabajadora y 1 nini), que hace meses no se ven por diversas circunstancias, se ponen de acuerdo para encontrarse una tarde en un bar y charlar sobre sus vidas y demás. Llega el ansiado día, y cuando ya están sentadas en una mesa del escogido bar, después de los besos, abrazos, saludos, etc., las 4 sacan sus móviles y cada una se pone a operarlo, clavando su vista en la pequeña pantalla de los aparaticos. A las 2 ó 3 horas, deciden al fin separarse. Durante todo ese tiempo no se han dicho nada de sus vidas y demás, sólo han atendido a sus móviles mientras hacen algunas exclamaciones, toman algunos sorbos del refrigerio que han pedido, y nada más. O sea, que al salir del bar las 4 están como cuando llegaron: sin saber nada las unas de las otras. En la despedida, una de ellas dice:
--Chicas, tenemos que quedar para otro día. La verdad que hemos pasado una tarde maravillosa...
Y se retiran, con más besos, abrazos, y la promesa de encontrarse otra vez y volver a pasar otra tarde maravillosa, conversando entre amigas sobre sus vidas y demás...

Augusto Lázaro


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miércoles, 11 de enero de 2017

EL FIN DE LA TIERRA... ¿O DE LOS TERRICOLAS?

2017 ha comenzado con La Tierra en una situación que, sin pecar de demasiado pesimista, puede decirse peligrosa. “El mundo está revuelto”, dicen cada día más personas. Pero quienes revuelven el mundo somos nosotros, sus habitantes, que no hemos sabido (ni querido) cuidarlo, olvidando que esta es nuestra casa y por tanto, las atrocidades que cometemos contra ella siempre se vuelven contra nosotros. Ante esa situación cabe preguntarse, aunque esto parezca diabólico: ¿es bueno el ser humano? No me atrevo a dar una respuesta, porque no estoy capacitado para darla, pero repito una vez más que actualmente la humanidad no me merece mucho respeto, en general...

Eso en cuanto a la Naturaleza que estamos destruyendo. Por otra parte, la situación económica, social y política no se queda atrás en la nominación de los peligros que nos amenazan. Las guerras (que no hay Dios que pueda eliminarlas y que lejos de mermar aumentan), el terrorismo que también crece indetenible por la blandenguería de los gobernantes que muestran una tolerancia que más tarde o más temprano se volverá contra ellos mismos, los atentados que tantas víctimas inocentes causan y que se repiten tanto que ya es raro el día en que no aparece en los medios alguno de estos crímenes solitarios a veces llamados “inmolación” en nombre de Alá, los asesinatos de mujeres y otras víctimas a manos de personas que si no hablaran parecerían animales salvajes, atropellos, palizas, violaciones, asaltos, robos con fuerza, intimidación... y etc. Sí, ya sé que estoy pintando un panorama grotesco y pesimista, sólo que es REAL y que nuestros informadores callan, algunos intentando vendernos un mundo de color de rosa, a pesar de que todos los que no somos idiotas sabemos que esto va poniéndose peor cada día, lejos de mejorar...

Y podríamos preguntarnos si el futuro del planeta y de sus habitantes tiene probabilidades de mejora. Si sobreviviremos a una catástrofe nuclear o si, habiendo superado la amenaza de una tercera guerra mundial (que no hay que descartar) los islamistas se apoderarían primero de Europa la débil, y poco a poco de todo el resto de los continentes en los que todavía no tienen esa fuerza que en el viejo van adquiriendo día a día. La izquierda retrógrada, o una parte de ella, se vanagloria algunas veces de las victorias del islamismo, y pretenden que, si triunfa, podrían hacer una alianza con los militantes de esa religión (la única que mata en nombre de su dios). No saben, los muy tontos, que si eso sucediera, las primeras víctimas del islamismo serían los izquierdistas ateos, porque los islamistas consideran infieles a todos los que no creen en ningún dios, y a los infieles habría que eliminarlos sin contemplaciones...

Ese es el futuro que nos espera... o quizás no. Todo depende de los políticos, y ¿podemos confiar en los políticos? Es la pregunta que debemos hacernos, a ver si encontramos una respuesta que nos dé algún rasgo de esperanza...

Augusto Lázaro



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