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lunes, 28 de agosto de 2017

LA MANADA

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De niño, oí decir a alguien de mi familia, campesino robusto y quemado por el sol que trabajaba "desde el amanezco" hasta que las gallinas comenzaban a subirse a los árboles: “mira, sobrino, lo más duro de esta puñetera vida es que los demás comprendan tu trabajo en lugar de criticaarte tanto por cualquier metedura de pata". En aquel momento no pensé en esas palabras, sólo muchas décadas después me di cuenta de cuánta razón tenía aquel tío lejano en su muerte apacible, que con tanto cariño me trató siempre que mis padres me llevaban al campo a la casa de mi familia materna. Sus palabras he tenido oportunidad de comprobarlas demasiadas veces a través de los años: por cada elogio que recibes (si es que recibes alguno) caerán sobre ti miradas y palabras de desaprobación por cosas que quizás tú sabes y quienes te "machacan" ignoran. O quizás no, aunque esta última opción es minoritaria. Mi experiencia lo dice. No es que yo esté tocado por la estúpida megalomanía, es que la gente habla demasiado, y habla demasiado sobre cosas que desconoce, y cuando nota que alguien que sí conoce de lo que habla, lo habla, entonces saca las uñas y "a machacarlo"...
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Ser “distinto” a la manada sólo puede traerte disgustos, problemas y hasta enemistades. La manada no tolera que alguien se separe de su modelo de ser común que habla de lo mismo, que entiende lo mismo, y que emplea su tiempo en lo mismo. Y siempre está al acecho de cualquier detalle para atacar al “distinto”. Para ello emplea su solidaridad: se unen (más que los que no entran en su juego) para machacar al que se destaca por algo que la manada no tiene o no puede demostrar. Por eso las discusiones con la manada son estériles y estúpidas. Es como darle palos a un mulo que no quiere moverse: se parte el palo, duele mucho el brazo, y el mulo sigue ahí, inmóvil y riéndose (a su modo) del paleador que ha perdido su tiempo y no ha logrado su empeño. La comparación no es en este caso odiosa, porque la manada se comporta como el mulo del cuento: firme ahí, sin moverse un centímetro, a pesar de razonamientos (o palos), y así seguirá, hasta que la muerte se encargue de que no se joda  tanto a quien piensa, siente, habla y actúa de forma distinta. Conclusión: deja tranquila a la manada y ocúpate de tus cosas. Y sobre todo, ignórala, que esa es la bofetada que más le va a doler... y humillar...
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No hay que convertirse en un macao, metido en su concha a todas horas y asomándose sólo unos minutos para retornar a su hogar que lleva a cuestas (feliz él) porque lo que ha visto en segundos le ha parecido demasiado horrible. Pero lo más recomendable para alejarse de la manada y vivir un poco más feliz, es seleccionar minuciosamente a los amigos y a los tratantes, que también pueden echarle a perder un día a cualquiera que no entre en la manada todopoderosa. O sea, vivir aislado de lo que nos jode la vida, y olvidarse de ese mito de solidaridad con todos, aunque no se la merezcan, que no todos podemos ser la Madre Teresa de Calcuta ni tampoco el teléfono de la esperanza. No ser un antisocial, pero tampoco pecar de Crisanto Buenagente, del que ya mencioné algo en una entrada anterior. Término medio y justo, y sobre todo: para ayudar a alguien, primero hay que ayudarse uno mismo, y no hay mejor forma de ayudarse que vivir lejos de esa turba que sólo acepta a quienes piensan y viven como ella, anulando cualquier valor social y humano que una persona que no forme parte de la manada pueda tener...

Augusto Lázaro


@lazarocasas38

lunes, 21 de agosto de 2017

LA AMBICION DEL PODER

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La lucha por el poder es el comienzo de un proceso que más tarde o más temprano termina corrompiendo al que logra alcanzarlo. Muchas veces me he preguntado por qué tantas personas viven obsesionadas con alcanzar el poder. ¿Es por amor al pueblo y su afán de dedicar sus vidas a servirlo? Eso no se lo cree ni Jacinto el loco. ¿Es porque no saben hacer otra cosa y no encuentran un sitio adecudo a su “no saber hacer nada”? En muchos casos es posible. ¿Es porque aman la política, como otros aman el tennis o el ajedrez? Bueno, esta hipótesis es algo más creíble, porque en verdad la política es fascinante, interesante, y no hay ningún ser humano que pueda sacarla de su vida, directa o indirectamente: todos los medios la mencionan y le dedican demasiado tiempo. Incluso si usted ve un telediario, notará que el 90% (y me quedo corto), excluyendo al fútbol y a algunos minutos de variedades, está dedicado a asuntos que tienen que ver (o están relacionados) con la política. Entonces, el aspirante a político activo sabe 3 cosas fundamentales: si logra su sueño: 1) ganará muchísimo más dinero, y tendrá poder, 2) será famoso y ocupará primeras planas en periódicos, revistas, televisión y noticias radiales, y 3) disfrutará, claro que con las molestias que tendrá que afrontar como críticas, burlas, etc., de un altísimo nivel de vida del que no disfrutan los demás sectores de la población, excepto los futbolistas y algunas celebridades de la farándula. Pues eso, que no le doy más vueltas y declaro mi convencimiento de que la afición a la política parte de uno de estos 3 puntos, o quizás de los 3 juntos...
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Los políticos mienten porque eso es una condición sine qua nom de sus características. No conozco ningún político que nunca haya mentido: en eso le va su cargo y todo lo que esto implica. Pero ellos saben que el pueblo acepta cualquier cosa que le digan, porque el pueblo quiere oír ciertas cosas y los políticos se las dicen, endulzadas y preparadas, sin ninguna espontaneidad. Un discurso de cualquier político, si se lee con detenimiento, nos descubre esto que les he escrito. Háganlo y verán que no exagero ni mucho menos miento, aunque yo he mentido algunas veces, lo confieso, pero yo no soy político ni de mis decisiones depende nada que tenga que ver con un conglomerado humano, y ahí radica la diferencia entre mentir desde un cargo importante y una persona cualquiera que sólo está conversando con amigos en un bar, sin dañar a nadie ni poner en peligro la estabilidad de ninguna región o país...
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Y en esto último sí hay que detenerse a pensar el daño que puede ocasionar un político, sobre todo en 2 casos: a) un imbécil con poder, que hace más daño que una bomba atómica, y b) un tipo que aspire a perpetuase en el poder indefinidamente implantando una dictadutra, sobre todo comunista, que es la que eterniza a un gobernante. Es muy lamentable que en pleno siglo XXI todavía existan dictaduras (de todo tipo, incluyendo dinastías como los KIM en Corea del Norte), que mantengan a sus pueblos bajo el terror, la miseria, el hambre, la opresión, etc., sin que hasta el momento se perciba una solución que acabe con esa plaga de una vez en todo el planeta. Y eso es lo peor, que tenemos que vivir con ella (con la plaga) no sabemos por cuánto tiempo. Por suerte, o por desgracia, yo no veré el fin del totalitarismo en este planeta. O quizás el fin del planeta mismo, que puede suceder, como dijo Allende, “más temprano que tarde”... y ojalá que no. Pero...

Augusto Lázaro

@lazarocasas38

lunes, 14 de agosto de 2017

¿CRIAR CUERVOS? NUNCA

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Uno de los pocos que me dedican varios minutos de su tiempo me  preguntó por qué había cambiado totalmente el contenido de mis tweets. Se refería a que antes, hasta hace sólo dos semanas más o menos, mis tweets hablaban de la situación de España y del resto del mundo, sobre todo en los aspectos políticos, sociales, económicos, etc. Lo invité a que me acompañara a tomarnos un cafecito que tan bien cae a la hora en que nos encontramos en la calle, y en ese lugar tan acogedor le expliqué que, como él bien sabía, yo, siendo pesimista y escéptico a pesar de mi sonrisa y mi altísimo sentido del humor, me había cansado de repetir lo que tantos otros dicen y proclaman, y total, nada de nada: el mundo sigue (y seguirá) igual, de mal en peor, y por eso creo que la cuenta que tiene alguien a nombre de Jorge Luis Borges en Twitter, es la que debo seguir yo: hablar de lo realmente importante (al menos para mí) y dejar a otros especialistas que repitan mil veces lo del referendum, Venezuela, la UE, Corea del Norte, los jueces enemigos de la justicia, el yihadismo, los comunistas apoderándose de las instituciones, los políticos que sólo se ocupàn de sí mismos, y etc. Nos tomamos el café, mi amigo se quedó meditabundo (esa es la palabra), nos despedimos, y cada cual siguió su vida, yo quizás preocupándome menos ahora de todas esas cosas de las que tanto me he pasado la vida preocupándome sin lograr siquiera una respuesta cuando he cometido la tontería de enviar un escrito a alguien o a alguna publicación. Y eso es todo. Feliz semana y no coman demasiado, que eso es muy malo para la salud según dicen quienes saben lo que dicen, que son pocos, pero buenos...
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Ponerse a pensar en la cantidad de cosas (interesantes, claro) que se publican vía Internet, además de los millones de libros, cuadernos, separatas, revistas, sueltos, etc., que se publican en papel, es tentar a la locura pasajera. Demasiado. Y el día sigue  teniendo 24 horas y nuestras vidas cuanto más 80 años. Imposible satisfacer nuestros deseos de lecturas. Sobre todo para los jóvenes, que ven en aparatos electrónicos y otras “diversiones” mucho más interés que “perder” su tiempo leyendo digamos un libro. Pero al entrar en una gran librería y ver cientos y cientos de publicaciones siempre me pregunto (nunca me respondo) qué hacen con tantos títulos, porque todo el que no sea tonto de naciiento sabe que la mayoría de esos libros no se venden, y sin embargo, los editores, los autores y demás, tienen que ganar algo, de lo contrario, no sería lógico tanto papel invertido junto al esfuerzo, el trabajo de revisión, y todo lo que implica la publicación de un libro. O sea, ¿por qué se publican más libros de los que la población puede y desea consumir? ¡Ah! Otro de los muchos misterios del mundo de la cultura en general que nadie acaba de explicar o mejor desentrañar. Cuestión, que publicar un blog o tener una cuenta en Twitter es algo así como ponerse a jugar a los palitos chinos en solitario. ¡Nadie te va a leer!
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Entre los consejos, sugerencias, opiniones sobre mí (pocas, pues cada día quedan menos sinceros que te dicen la verdad), siempre copio los que me parecen certeros y saludables, aunque nunca entablo discusiones sobre aquellos que no juzgo conveniente seguir, pues las discusiones (eso sí lo noté hace mucho tiempo) ni cambian ningún punto de quienes discuten ni resuelven ninguna situación discutida, y sobran ejemplos en todos los aspectos vitales. Pero de vez en  cuando aparece alguna observación que lamento no haberla seguido de inmediato, lo que me ha traído problemas y hasta enemistades por no oír lo que con tan buen tino me dijo alguien una vez: “ocúpate de tus asuntos y de tus problemas, y deja al mundo que siga como va, que tú no vas a arregarlo, ni siquiera a mejorarlo, aunque te destarres intentándolo”. Sólo le faltó decir a quien me dijo semejante verdad que si yo “caigo” (en desgracia o en muerte), los demás se quedarán riéndose y viviendo su vida sin importarles mi “sacrificio” y a los 3 días (si acaso) ya mi nombre no se pronunciará ni por casualidad en la fecha de mi cumpleaños, si alguien todavía la recuerda. ¿Qué parezco un misántropo? Pues sí, lo reconozco, pero como ya cantó Jeanette hace muchos años: “porque siempre sin razón  / me negaron todo aquello que pedí / y me dieron solamente incomprensión”... ¿Tenía razón la jovencísima que engalanó mis oídos con PORQUE TE VAS en la película del gran director español Carlos Saura CRIA CUERVOS? Bueno, yo, porsia, no pienso criar ninguno: ya he recibido bastantes picotazos de los que he tenido la errática afición de criar.Y vamos, que aprender del perro es de sabiduría: “jamás se da un segundo golpe con la misma piedra”. ¡Qué distinto yo mismo, que me he dado tantos!
Augusto Lázaro

@lázarocasas38

lunes, 7 de agosto de 2017

LOS MALOS Y LOS OTROS


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La monotonía y la rutina parecen sinónimos, aunque en realidad no lo son. En el mundo las estamos viviendo las dos, sólo que un pequeño grupo de privilegiados que se compran yates de lujo que cuestan nada menos que €14m, no entran en esa definición, a pesar de que si los miramos con lupa, sus vidas tampoco son estimulantes para nadie con sensatez. Pero en nuestra sociedad sólo valen los atractivos físicos y económicos: los feos y los pobres no tienen nada que hacer aquí, salvo vivir de las ayudas oficiales o de las limosnas que siempre les dan en los transportes públicos o en las calles donde se esfuerzan por ganarse la vida, porque quieren seguir siendo honrados, que según don Macareno de la Palma Real no es más que una estupidez, porque el refrán lo dice muy claro: "en la tierra a que fueres, haz lo que vieres", y en esta hermosa tierra lo que más se ve es la corrupción. Y no sólo eso, sino que también se ve que los corruptos son quienes mejor viven, aunque algunos POCOS de ellos caen un día en la cárcel (no por mucho tiempo) y así están y seguirán estando las cosas. Parece que para que haya mundo tiene que haber de todo. Sí, de todo lo malo...

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El problema no es que haya gente buena, muy buena (eso lo creo), sino que los buenos están perdiendo la batalla día tras día, porque los más listos (de los buenos) hacen suya la máxima de que ser bueno es ser tonto, mirándose en el ejemplo de la TV y de los demás medios que siempre ensalzan a quienes deberían machacar. Lógico. Y para más INRI, el mismo gobierno tiene la genial idea de eliminar requisitos fundamentales en cualquier país que se respete, para que pasen de nivel escolar los estudiantes aunque tengan varios suspensos y no sepan ni qué cosa es España (una estudiante de Secundaria me dijo un día que España era una Comunidad de gente que vive en el mismo lugar) y con esa medida lanzamos a la calle a miles de burros (con perdón de esos nobles equinos) que lo que van a hacer es hundir más este país, porque no saben hacer lo que dice su diploma de graduación que se supone que saben. No quiero imaginarme a un cirujano en un quirófano que no sepa lo que tiene que hacer en ese momento tan importante para la vida de quien está acostado, anestesiado e ignorante de que quien lo va a operar suspendió varias asignaturas cuando etudiaba medicina en la Universidad...

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El “buenismo” se ha convertido en tabla de medir para muchas personas y hasta instituciones. No les falta razón a quienes piensan que el buenismo es una tontería que debe evitarse, al igual que el uso del NO que tanto sufrimiento evita, y que también se aparta de cualquier acción sin meditar las consecuencias que puede tener decir SI a todo, sin pensarlo un minuto siquiera. La misma Sor Juana Inés de la Cruz dijo una vez que nos buscamos más problemas por las plegarias atendidas que por las no atendidas (o algo así) y nosotros los mortales contemporáneos nos negamos a aprender de quienes nadie puede negar su valía y bondad, como es el caso de Sor Juana. Y en el caso nuestro, mejor viviriamos si no tuviéramos esa tendencia de ayudar a todo el mundo, incluyendo a los criminales por quienes tantos piden mejoras en su reclusión carcelaria o en su persecución y trato. Y sobre todo, pensar que no todo el mundo puede ejercer el oficio de la Madre Teresa de Calcuta. Dejemos un poco de altruismo a quienes de corazón, y no buscando prebendas, fama o fortuna, se dedican a hacer el bien... a quienes realmente lo merecen...

 

Augusto Lázaro


@lazarocasas38

lunes, 31 de julio de 2017

ESPERANDO EL CARRITO


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Vivía al lado de mi casa, en la calle San Germán, cerca de la Alameda, aunque desde nuestras casas no veíamos el mar. El mar Caribe, tan deseado por excursionistas del patio y de fuera, como decía don Francisco Santa Cruz-Pacheco y Riverí. Todos los días, al regresar del trabajo, me lo encontraba sentado frente a la puerta de su casa.

--Buenas tardes, don Francisco. ¿Qué hace ahí, con este calor?

Siempre me contestaba lo mismo:

--Pues ya ves, hijo, como siempre, esperando el carrito...

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El Carrito era (muchos lo habrän entendido, sobre todo cubanos y caribeños) nada menos que el carro fúnebre que lleva los restos de los que un día fueron a su última morada, y don Francisco estuvo, mientras yo viví en esa casa junto a la suya, esperándolo, muchos años, mientras el tiempo pasaba y pasaba y pasaba... Yo me volví a casar, y  recomencé mi vida y mi trabajo, hasta olvidarme poco a poco del viejo don Francisco, personaje sin dudas pintoresco al que le había tomado cariño (que él se había ganado). Un día, por esas casualidades de la vida, mi esposa me sugirió que pasáramos frente a la casa donde yo había vivido tantos años, sólo para ver el ambiente, que, cosa rara, nunca se nos había ocurrido, inmersos como ambos estábamos en nuestras ocupaciones, que eran bastantes, y nuestras responsabilidades, que eran ídem. La cuestión: que por fin fuimos una tarde, también calurosa, y al pasar por frente a la casa de Don Francisco... ¿qué vieron nuestros ojos?

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Pues que allí estaba, en su mismo sitio, con su misma mirada perdida en una distancia que intentaba encontrar el Mar Caribe, allá abajo, sin lograr su empeño debido a la inverosímil estructura urbanística de la ciudad. Y allí estaba, algo más viejo y achacoso, pero vivo... la muerte todavía no quería llevárselo, parece que a la señora de la guadaña le gustaban sus bromas, porque don Francisco tomaba la vida y la muerte como los mexicanos, que se ríen de esta última etapa y hasta la celebran, dan fiestas y bailes con esqueletos y calaveras como pensando, con mucha razón, que la muerte es cosa natural que algún día vendrá, porque si algo no deja a nadie en el olvido es la parca. Y a don Francisco y a los mexicanos les tiene sin cuidado el carrito, que como me decía el querido viejo: “algún día vendrá, pero mientras yo aquí, sentado, viendo pasar la gente y el tiempo, esperándola”. Quizás todavía esté allí su figura, aunque sólo sea imaginaria, como siempre, con su sonrisa quizás de resignación o quizás de comprensión, esperando el carrito...

Augusto Lázaro


@lazarocasas38

lunes, 24 de julio de 2017

¿SOMOS MALOS POR COSTUMBRE?

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Hay 2 tipos de personas malas: las que lo son sin saberlo, o sea, que ejecutan la maldad sin pretensiones de hacer daño, y las que sí saben muy bien cómo joder a alguien a quien odian o por el que sienten aversión, envidia, u otra de estas "virtudes" que destacan la iniquidad que hoy existe y cada vez más con más fuerza en nuestras llamadas sociedades civilizadas. Porque no son los yihadistas los únicos que hacen daño. No señor. ¡Cuidado! El inicuo puede estar tan cerca de ti, que hasta puede que duerma bajo tu mismo techo. ¿Cómo reconocerlo? ¿Cómo librarse de él (o de ella)? No es fácil, porque estos tipos despreciables siempre se las arreglan para parecer todo lo contrario a lo que son: sonrisas, abrazos, besos, caricias inocentes, muestras de comprensión y ayuda en caso necesario, y sobre todo, demostraciones de una disposición a hacer cualquier cosa por ayudar a quien necesite su ayuda.  Sólo que la verdad, tarde o temprano, surgirá de algún modo, aunque muchas veces la verdad se descubre demasiado tarde: cuando el daño está hecho y las secuencias durarán mucho tiempo y hasta a veces serán irreversibles...
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Es casi imposible encontrar a alguien que te acepte como eres sin decir ni una palabra ante las cosas que tú puedas tener que a esa persona no le gusten. Es un defecto de la humanidad que no va a desaparecer. Por eso las personas intolerantes no tienen tantos amigos, porque los verdaderos amigos te aceptan como eres sin pretender cambiarte. ¿Recuerdan el refrán “lo bueno viene en pomo chiquito”? Pues con los amigos sucede lo mismo. He visto enemistarse a amigos de tiempo por algo que bien analizado no pasa de ser una tontería: opiniones políticas (sobre todo), religiosas, de personalidades y características, hasta de fútbol. Increíble. Es como una manía que tienen de creer y aceptar sólo lo que sale de su cerebro, y pensar siempre que “el otro” es el que está equivocado, porque no hacerlo y reconocer la propia equivocación sería claudicar ante un amigo o conocido que es cualquier cosa menos un enemigo, pero que se tiene en esos momentos de ceguera ignorante como tal. Y esa manera de actuar traerá, con el tiempo, mucho dolor a quien ha cometido un grave error, no por haberlo cometido, cosa muy humana, sino por negarse tajantemente a reconocerlo y disculparse con “el otro” que era quien tenía, en ese caso, toda la razón...
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En fin, que ya he hablado en otras ocasiones sobre el asunto, que tiene tela y necesita un comentario mucho más extenso, que no es del caso. Lo existencial demuestra que la cuestión es muy simple: amigos, sólo cuatro o cinco cuanto más. Conocidos, montones. La amistad no es una enredadera ni una casualidad que surge de momento. Es una hermosa virtud cuando se siente de veras, y hay que cultivarla. Porque vale la pena. Recuerdo a mi padre cuando me dijo una vez que vale más tener una sola camisa de l0 pesos que diez de un peso cada una. Puede aplicarse al dedillo con los amigos. Yo tengo bastante pocos, lo confieso, y no me apena. Prefiero tener hasta uno solo que sea amigo de verdad a ese montón que tanto se ufanan de proclamar sobre todo los famosetes que se jactan de tener en su lista miles de amigos (eso creen ellos, o aparentan creerlo) cuando en realidad, a la hora de la verdad responderán a su llamado sólo esos cuatro o cinco de que hablé. Y hasta quién sabe si menos. Eso sí: buenos, sinceros, leales y amigos de verdad, que la calidad siempre será más valiosa que la cantidad, en amigos y en todo lo demás que existe...

Augusto Lázaro

@lazarocasas38

lunes, 17 de julio de 2017

LAS CREENCIAS

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Dejé de creer en todo la noche en que, haciéndome el dormido, descubrí a mi padre colocándome los juguetes debajo de mi cama, junto a la cartita a los reyes y el agua y las yerbitas a los camellos que yo siempre ponía cada noche del 5 de enero, confiando en que al despetar vería junto a mi cama todo lo que había pedido, que era más de lo que mis padres me podían conceder, pero que como yo no creía en ellos, que eran pobres, sino en los reyes, que eran magos y todo lo podían, escibía en la cartita peticiones que ahora me dan risa y a la vez, tristeza en la nostalgia del sufrimiento que le daría a mis padres al ver cuántas cosas yo pedía que ellos de ninguna manera (ni robando quizás) podrían regalarme ese tan bello día de celebración y felicidad para casi todos los niños. Porque ser un niño es eso: no entender lo que no se puede, pero vivir la ilusión de despertar una mañana cualquiera con su sueño ralizado gracias a esos 3 viejos que sobre los camellos recorrían el mundo dándole un poco de felicidad a los niños "que se habían portado bien" y merecían ser dichosos... aunque fuera un solo día...
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Las creencias, en general, generan más dolores que placeres. Siempre he respetado a quienes creen en cualquier cosa, lo mismo en religión que en política, aunque no he tenido la suerte (llamémoslo así) de recibir a cambio el mismo respeto por mis NO creencias sin que por ello me enemiste con las personas que padecen la manía de no estar de acuerdo más que con ellos mismos y con lo que ellos piensan, sienten y dicen. Pero apartándonos de las creencias religiosas y políticas, que son las más “peligrosas”, porque son las que más fácilmente enemistan a personas que si nunca hablaran de ellas permanecerían todas sus vidas en una amistad hermosa y compartida, existen creencias que en verdad dan risa, y con las cuales ni siquiera puede bromearse, porque enardecen al “creyente” que puede reaccionar enfadado y hasta colérico en un encuentro de comentarios sin ninguna maldad. Es que mantener una conversación con los semejantes, últimamente, se ha vuelto difícil. Cito un solo ejemplo que puede resumir hasta dónde puede llegar el “fanatismo” de ciertas creencias que, repito, no son religiosas ni políticas, ambas rechazadas por mí en cualquier conversación, por amargas experiencias que he sufrido en muchas ocasiones y que he dado por considerarlas como “caso cerrado”. Pero oigan esto:
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Una mañana, al salir de mi apartamento, me encuentro en los bajos a una auxiliar leyendo una revista, tan abstraídamente que al saludarla ni se dio cuenta y no me respondió. Me acerqué con disimulo a ver qué era lo que la tenía casi en éxtasis y... adivinen: un horóscopo. Entonces me miró, nos saludamos, y le dije: mira, una sugerencia: compra 10 revistas y 5 periódicos de esos que tienen horóscopos y ponte a leer los 15 sin distraerte. Si encuentras 2 que digan lo mismo, yo también comenzaré desde mañana a leer horóscopos, que siempre son firmados por un ser humano igual que nosotros, por supuesto, para cobrar lo que le paga le entidad contratante por escribir lo bueno (nunca dicen nada malo) que te puede suceder durante los próximos días, y que tu signo, que es, digamos Piscis, está en línea con Virgo, lo que fevorece tus aspiraciones a... y así. La auxiliar, con la que me llevo de maravillas, se quedó otra vez en éxtasis, quizás pensando “caramba, no había pensado en eso” o algo parecido. Me pregunto si todavía seguirá leyendo hróscopos...

Augusto Lázaro


@lazarocasas38