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lunes, 27 de enero de 2014

¿VENCERA EL ODIO AL AMOR?

1

No sé por qué existe tanto odio en el mundo: si todas las personas que odian dedicaran su tiempo a amar, el mundo sería mucho más placentero y saludable. A veces salgo a la calle y observo a las personas que caminan, cada una inmersa en sus problemas y en sus preocupaciones, las miro detenidamente y no encuentro en ellas ningún sentimiento de culpabilidad: entonces me pregunto: ¿y dónde está el odio? ¿Quiénes son esos seres que manchan la tierra y provocan sufrimientos en sus semejantes? ¿Dónde están y qué hacen aquellos capaces de generar guerras y calamidades en todo el mundo? ¿Por qué existen, si el amor siempre nos dará más razón de vivir que tanto odio estúpido?

2

La maldad está enseñoreándose en los cinco continentes. Veo con asombro y hasta con rabia que países que consideramos democráticos y respetuosos de los derechos humanos se congracian y coquetean con regímenes dictatoriales que se burlan de esos derechos y mantienen a sus pueblos bajo una opresión que en algunos casos como el de Cuba ha rebasado el medio siglo de existencia. Organizaciones como la ONU y la CELAC, unidas a la mano consentidora de Obama y de la Unión Europea, han incrementado sus relaciones con esos países, incluso con países donde las mujeres son lapidadas vivas o asesinadas a pedradas en las plazas públicas, algo que moralmente es inaceptable por cualquier persona que se precie de ser sólo decente.

3

Los políticos justifican sus carantoñas con la diplomacia, que no es más que la hipocresía ejercida por quienes ostentan cargos de dirección en los gobiernos. Yo no acepto ese concepto, pues en la mayoría de los casos esos dirigentes sienten simpatía por esos regímenes tiránicos. ¿Cuál es la razón? Muy sencilla: quien está en contra del “imperialismo yanqui” es digno de admiración y de respeto, pues para ellos no es malo quien persigue, ataca, golpea y encarcela a opositores, sino “el malvado enemigo de los pueblos”, o sea: EEUU.
No creo en una moral que dictamine su inclinación admirativa a una sola sentencia: “quien está en contra de EEUU es el ejemplo a seguir”. ¿Que hay perseguidos, encarcelados, golpeados, torturados? Eso no tiene importancia: la importancia es estar en contra del Imperio. Aunque el imperio no persiga ni maltrate ni golpee ni encarcele a nadie por criticarlo. Bonita razón de esos demócratas cuyo apoyo y amparo sirve para que tiranos como los Castro se pavoneen diciéndole al mundo “no me joroben, que tengo el aval de la mayoría fuera del país”. Y tiene razón el señor Raúl Castro cuando piensa o dice eso.  Lamentable.

Augusto Lázaro


@augustodelatorr


domingo, 19 de enero de 2014

DESPUES DE NAVIDAD...

1

Nochebuena, Navidad, Nochevieja, Año Nuevo, Día de Reyes... festejos (que hasta los mendigos callejeros celebran, porque en esos días reciben más limosnas que les permiten darse un gusto, si es que en su situación de vivir en plena calle pueden darse un gusto) que se han convertido, por obra y gracia de la oferta y la demanda, en una sucesión de ventas y compras que han logrado tajar de un tirón aquelllas felicitaciones tan hermosas (porque eran hermosas) que decían en postales y en persona: FELIZ NAVIDAD... Ahora lo que se dice generalmente, sobre todo en los comercios que sólo aspiran a ganar más dinero, es FELICES FIESTAS, y yo me pregunto si habrá fiestas que no son felices, porque esa expresión comercial es tan absurda y tonta (como tantas otras) que mejor echarla al latón del olvido y seguir celebrando, al menos yo como muchos que conozco, la Navidad, aunque en mi caso no soy religioso, pero confieso que esos días me gustan y desde que nací (en plenos preparativos navideños, un 17 de diciembre) son los días más felices que siempre he pasado en mi ya larga existencia...

2

Celebrar la Navidad y el comienzo del nuevo año (una incógnita siempre) cuando se tiene a los seres más queridos en Cuba, en Ecuador, en Monforte de Lemos, en Alcorcón, en Getafe, en Parla, y a algunos en Madrid, ell@s con sus seres queridos presentes, es una disposición a pasar en soledad esos días tan señalados, o quizás con otros seres acompañantes ocasionales que posiblemente no van a dejar huellas profundas para recordarlos cuando se hayan ido y dejado el instante fugaz de unas horas de grata (¿por qué no?) compañía que al pasar las fechas añoradas y otrora disfrutadas al máximo se irán convirtiendo en imágenes que sin poder obviarlo llevan a la pregunta tan simple y tan terrible de ¿POR QUÉ? Y esa pregunta, como tantas que me hago diariamente, no tienen respuesta...

3

Pero a pesar de todo celebro la Navidad y doy la bienvenida al año nuevo con una sonrisa tal vez esplendorosa. Porque la amargura y el mal semblante son dos actitudes que nunca he mostrado, no por simular una alegría no sentida (soy generalmente una persona alegre) sino porque nadie tiene derecho a importunar al prójimo con caras tristonas y palabras negativas, que bastante tenemos ya con la situación de este mundo en que parece que no hay a la vista ninguna solución a los muchos problemas que padece nuestro querido y tan maltratado planeta...

Augusto Lázaro


@augustodelatorr

http://elcuiclo.blogspot.com.es





domingo, 12 de enero de 2014

UN CUENTO DE AMOR

LEER SU DIARIO


Todo lo que yo quería era leer su diario. Por lo menos eso era todo lo que yo quería

la primera vez que se lo dije.

--No, chico, tú eres muy curioso y a mí me molesta tu curiosidad.

Eran unos apuntes que ella había escrito durante un viaje al valle de Jibacoa donde

se había celebrado un encuentro-debate nacional de talleres literarios. Yo no pude

ir. De que los había escrito me enteré mucho después, porque cuando ella regresó

no me lo dijo.

--¿Y cómo la pasaste en Jibacoa?

--Bueno, quitando el frío, la colchoneta y los mosquitos, todo lo demás de maravilla.

La había conocido en Holguín una mañana y es raro, porque este tipo de

muchachas suele conocerse por las tardes. Me pareció algo tonta y un poco

pedante en el primer golpe de vista. Conversamos un rato y su presencia fue

disipando la imagen negativa hasta llegar al punto de sentirme muy bien junto a

ella. De eso hace ya más de cinco años.

--Nos vemos poco, Narda, qué lástima.

--Nos vemos poco porque tú sabes que yo vivo en Becas, que de allí no es fácil bajar

a la ciudad, que tengo que estudiar muchísimo y...

--Sí, ya: etcétera.

--Sí, chico, etcétera, y no me llames más Narda, que ese no es mi nombre, te lo he

dicho mil veces.

Era deliciosa. Sobre todo cuando se ponía furiosa y hacía una mueca con los labios

entre puchero de bebé y toque de flauta. Entonces me recordaba a una actriz

francesa de los años cincuenta, muy fea y muy graciosa, de la que como era de

esperarse me enamoré desaforadamente y con la que soñaba recorrer infinidad de

lugares solitarios, de parques y de playas, desde la no tan inocente intimidad de mi

luneta. Una tarde (esta vez tenía que ser una tarde) me la encontré en la calle. A

Narda, no a la actriz. En la calle no, en una tienda de ropas, lugar poco propicio

para semejante encuentro.

--¿Qué haces aquí? No me digas que estás en la cola de la pintura de uñas.

--No, pero necesito un bolígrafo y están vendiendo. Supongo que sabes que se me

pierden a menudo.

--Olvídate del bolígrafo. Mañana mismo te regalo uno rojo, es el color que más te

gusta, ¿no?

--Sí, lo es. ¿Y ahora qué?

--Pues ahora nos metemos en el aire acondicionado del Rialto, hoy hay cinemateca.

¿Qué te parece?

No sé lo que le pareció. Ese era el problema que yo tenía con ella, que nunca sabía

lo que le parecían mis palabras. De todos modos nos metimos en el cine. Claro que

ese día lo único que hicimos fue ver una película de esas que lo mantienen a uno

pegado al asiento. Y después conversar, naturalmente.

--Pues insisto en que me prestes tu famoso diario.

--Ni es famoso, porque nadie lo ha leído, ni te lo voy a prestar.

--Es que me dan cosquillas en los ojos de querer leer lo que escribiste.

--Eres persistente, además de curioso.

--Y tú eres como las losetas del baño de mi casa: dura, seca y fría.

Se puso seria y me miró fijamente.

--¿De verdad tú crees que soy seca y fría?

No, de verdad no lo creía, pero se lo dije para ver si la ablandaba. Por eso le apreté

la nariz, me sonreí, y alcé la mano cuando se alejó. No se volvió una sola vez.

Todavía le decía adiós cuando su silueta se dispersó en mis ojos. Pero la noche la

traía de nuevo, intermitente, en la acumulación de luz de las bombillas que se

encendían en el parque mientras el viento que los santiagueros llaman frío me

regaba el pelo y unos gorriones que bajaban del atrio de la catedral se ponían a

escarbar las yerbitas buscando chucherías para sus pichones y de pronto me siento

en un banco con el diario en las manos para leerlo casi en alta voz con el egoísmo

natural de que al fin ya lo tengo yo solo y de que nadie puede interrumpirme ese

disfrute y leo noviembre 16, en el tren, está muy frío el aire, casi tiemblo, Rodolfo ha

sacado su guitarra y nos hemos agrupado para oírlo, la ferromoza nos pregunta

si celebramos algo, Rodolfo le canta algo a la muchacha, seguro que lo está

improvisando, ¿estarán los demás tan nerviosos como yo esperando los debates?

y paso las hojas sin apartar la vista, buscando, porque sé que ahí tiene que estar,

escrito por su mano, hasta que una gota mágica refresca mi piel y me recrea, pero

lo real maravilloso de este viaje se enmascara en una tristeza muy limpia, porque

no está él, no sé qué me pasa, pero lo extraño, ahora mismo necesito tenerlo

delante, decirle todas estas cosas que no me atrevo a decírselas a nadie más, ¿por

qué no habrá venido? y la verdad se escapa de este cuaderno que por ser

indiscreto me regala el bienestar tanto tiempo anhelado y el viento me despeina

otra vez y el ruido choca con mis tímpanos haciéndome alzar la cabeza y mirar

las bombillas y más allá los niños correteando y mucho más allá los ómnibus

cargando puñados de gente que regresa a sus hogares y quiero oler el diario

para no despegarme ya más de su olor de mujer pero en mis manos sólo tengo

una caja de fósforos y me veo de pie en el mismo lugar en que me quedé

mirándola cuando se alejaba con la misma incertidumbre y la misma alegría

postergada para quién sabe cuándo... No la vi más en toda la semana, pero

tracé mi plan. La llamé por teléfono y le pedí que bajara a la ciudad para

encontrarnos. Cuando la tuve frente a mí se me salieron unas palabritas dulzonas

que la hicieron reír. Después del beso en la mejilla y la mano en el pelo demasiado

corto para otros juegos, nos fuimos a tomar chocolate.

--¿Así que decididamente no me lo vas a enseñar?

--Decididamente no.

--Vamos a hacer una apuesta.

--¿También eres apostador? Creía que sólo te gustaba el ajedrez.

--Además de ti y del ajedrez tengo otros gustos.

--Pide el chocolate.

--Pues mira: hasta el último día del año yo intentaré lograr que me prestes el dichoso

diario. Si lo consigo, me pagas un almuerzo. Si no, te lo pago yo a ti. En el lugar que

escoja el ganador. ¿De acuerdo?

--De acuerdo, pero vas a perder.

--¿Sabes una cosa? Cuando te sonríes me parece que oigo una música suave,

lejana...

--Pide el chocllate, anda.

El plan consistía en escribir un cuento que tratara el asunto del susodicho diario,

adornándolo con artificios, invenciones, deseos, y enseñárselo para ver si con eso

se ablandaba y claro, con protestas, me dejaba ver el cuadernillo. Pero ya no era

eso sólamente lo que me interesaba. Todos los días quería verla, conversar con

ella, hacerla sonreír, mirar su cara de gorrión y llevar mi saludo más allá de sus

mejillas. Traté de hacer el cuento de manera que al leerlo no pudiera objetarme,

que su imaginación encontrara en la mía, en las palabras mecanografiadas, la

imagen que yo me formaba de ella. Me dediqué a la empresa durante quince

largos días, rompiendo cuartillas, revisando frases, pesando con cuidado cada cosa,

evitando lugares comunes cuando releía, a media noche, en la siempre cómplice

soledad de mi cuarto. Hasta que llegó el día en que decidí enseñárselo. Salí a la

calle, a buscarla. En las manos llevaba lo que podía ser mi triunfo. O tal vez mi

sueño...

--Mira: lee esto.

--¿Qué es?

--Un cuento que escribí para ti.

--¿Para mí?

No dijo nada más. Nos sentamos en un muro al fondo de una escuela vieja. Leyó

atentamente las páginas. Por momentos me miraba, a veces sonriéndose, a veces

muy seria y una vez yo diría que triste. Al terminar sólo me dijo:

--Espérame mañana a las ocho, aqui mismo. No dejes de venir.

Las ocho demoraron demasiado. Mi impaciencia se convirtió en sudor de manos

frías, tazas de café, cigarrillos y mordidas en las uñas. Pero al fin llegó la hora. Y llegó

ella. Traía un vestido largo, como de fiesta grande. Esta vez ni la toqué siquiera.

--Invítame a bailar, a algún lugar bonito.

Me lo dijo como si me dijera buenas noches.

--¿A dónde quieres ir?

--A cualquier lugar. Esta noche quiero divertirme.

Y esa noche comimos como dos muertos de hambre, conversamos de cosas

insignificantes, bailamos por primera vez mientras yo miraba su cartera y la idea del

diario se iba diluyendo lentamente. La dulce sensación de su cuerpo apretado

contra el mío pudo más y poco a poco esa idea antes central se fue inclinando a

los momentos que estábamos viviendo así, sin proponérnoslos, dejando que todo

lo demás alborotara alrededor sin importarnos otra cosa que prolongar en lo posible

aquellas horas tan fugaces de nuestra intimidad. A punto ya de separarnos, de

madrugada, en la ciudad, sacó de su cartera el olvidado diario.

--Toma, para que rasques tus cosquillas. Te debo un almuerzo.

Y nada más que un beso que rozó sus labios porque quise esta vez desviarlo, y verla

caminar a oscuras, llegar a la esquina y volverse con la mano alzada para decirme

hasta mañana como quien dice qué bien la hemos pasado o como quien quizás

espera repetir esas horas dejadas en una oscuridad muy semejante, en la que ahora

ella se perdía una vez más con rumbo a casa de una amiga donde pasar el resto de

la noche... Ya en mi cuarto releí el cuaderno, porque lo había leído en plena calle,

buscando las palabras que tenían que estar en sus páginas, que me dirían que era

verdad tanta ilusión. Pero en el diario, forrado con percalina roja, pequeño como

sus manos que apenas horas antes habían tocado mi piel, no había nada que se

refiriera a mi ausencia de aquel viaje. Ni una sola mención, ni una añoranza, ni una

gota de tristeza por no tenerme allí con ella. Al día siguiente me la encontré al llegar

a mi trabajo, esperándome. Sus ojeras denunciaban una noche de mal sueño. Tenía

en sus manos unos libros. Se levantó para acercarse a mí con su sonrisa plena, más

brillante aún que la noche anterior. Acarició mi pelo suavemente, se me quedó

mirando muy tranquila, y me dijo:

--¿Vamos a tomar chocolate?


Santiago de Cuba, en los 70...

Augusto Lázaro


@augustodelatorr




   

lunes, 6 de enero de 2014

VIVIRLA, NO PENSARLA

1

Año nuevo: ¿vida nueva? Es curioso cómo los seres humanos solemos prometernos al comenzar cada nuevo año infinidad de cosas que sabemos que no vamos a cumplir. Quizás la razón esté en los sueños, porque aquel que no sea capaz de soñar no podrá ser feliz. Soñar nos da al menos la esperanza de que nuestra vida puede cambiar y puede mejorar, aunque en el fondo nos quede la duda, o peor, la certeza de que nada va a cambiar ni a mejorar. Pero a pesar de la duda y la certeza, yo prefiero soñar, y que mis sueños me mantengan con estos deseos de vivir que nunca, ni en las peores situaciones de mi vida, me han abandonado. Aunque en varias ocasiones haya tenido la peregrina y estúpida idea de quitarme la vida, siempre ha triunfado sobre mí la alegría de vivir y sobre todo, de saber (y conocer) que hay personas por las cuales merece la pena, cualquier pena, vivir y continuar soñando... soñando despierto, que es como más agradables son siempre los sueños...

2

Pero a veces los sueños se desmoronan con la realidad implantada por personas ajenas con las cuales nada tenemos que ver, o sea, personas que representan EL PODER. Y el Poder siempre machaca, siempre oprime, y hay Poderes que hasta matan. No hablo de las dictaduras, que ya se sabe que siempre matan, sino de gobiernos aparentemente democráticos cuyos actos y acciones no parecen nada democráticos. Un caso ejemplarizante es este asunto espinoso de las pensiones y de los gobernantes intentando hacernos creer que nuestro nivel de vida y nuestro poder adquisitivo han mejorado. Veamos...

Si a usted le aumentan €5 en la pensión que recibe, el gobierno se vanagloria con que su poder adquisitivo ha aumentado. Pero el gobierno parece desconocer que las matemáticas son una ciencia exacta y: que usted va a comprar productos y artículos que han subido su precio, y va a pagar el transporte, la electricidad, los servicios, etc., y si sabe sumar como la mayoría, verá que el resultado es mucho mayor que esos €5 que el gobierno le ha aumentado. Conclusión: usted tiene ahora menos poder adquisitivo que hace un año. Pregonar lo contrario no es más que burda demagogia con la que el gobierno, que nos cree idiotas, pretende lanzar sus cohetes y venderse como gran protector de los pensionistas a los cuales, oigan esto: les ha aumentado su poder adquisitivo dándoles €5 de más en cada nuevo cobro...

3

Mejor no pensar. Los filósofos, alguien lo dejó bien escrito, lo único que han hecho es complicarnos la vida con sus elucubraciones y sus sentencias que para muchos son órdenes estrictas a cumplir, olvidando que, como dice ese libro ruso que no pudieron silenciar los jerarcas comunistas de la difunta URSS (NO SOLO DE PAN VIVE EL HOMBRE), “el hombre nace para vivir, no para prepararse para vivir”. Y eso es lo que hacen las personas sensatas que logran ser felices, al menos hasta donde se puede ser feliz: viven, no se dedican a analizar la vida que ellos viven con sus muchos porqués que enredan la existencia de cualquier vecino, impidiéndole disfrutar de lo que la vida brinda para su disfrute, sin tanta choladera inútil.

Augusto Lázaro


@augustodelatorr



domingo, 29 de diciembre de 2013

AÑO NUEVO


Ahora que el año nuevo está ahí al doblar, les cuento una experiencia que tuve hace

unos años, cuando todavía no estábamos con la lengua afuera y pidiendo un milagro a

Santa Tecla...



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No digo yo. Si todo me ha salido de rechupete. Mejor únicamente en sueños. Miren

si no: Macarena había quedado conmigo en pasar la Nochevieja juntitos y solitos, en

algún lugar propicio, y a las doce ver la tele y atragantarnos con las doce uvas de

rigor, y después, alfón silos, amor, digo, al fin solos, la noche es nuestra, la cama ni

decirte, la jodedera hasta que salga el sol... Estupendísimo. Pero... a última hora,

que no sé a qué hora fue, me llama la Maca  y me da la doble y tenebrosa

mala noticia de que su abuelita había estirado la patica después de una larga y

penosa enfermedad, lugar común sustituto del cáncer del páncreas o del pulmón

izquierdo o de cualquier otro rincón del cuerpo, ¡ay, cariño!, no sabes

cuánto lo siento (claro que lo sé, no soy bobo de nacimiento), lo ilusionada que yo

estaba (¿y yo no?), si tú supieras las cosas que me había imaginado (yo

no, yo estaba pensando por dónde le entra el agua al coco, bonita), pero la vida es así

y... y claro que la vida es así, y la casualidad, la fatalidad, la suerte perra, siempre

me caen encima cuando ya ni me acuerdo de las muy cabronas. Cuestión, que de

pasar la Nochevieja y esperar el año nuevo y lo demás juntitos y solitos, ñiringa de

pato, nené. Y a esas alturas, ya pueden figurarse el cabreo, la frustración, los malos

pensamientos que afluyeron a mi mente calenturienta, las maldiciones que eché al

aire al no tener a quién echárselas de cuerpo presente y... y como era de esperar,

como dicen que las desgracias nunca vienen solas, allá va eso: aburrido como un

perro sin dueño en la calle a 2 grados, y mi coinquilino de viaje, en su tierra, con su

familia, dichoso él (o quizás no,  pero la compañía siempre alivia un 31), o sea, solo

como un latón de basura desbordado, en silencio y en casa. ¡Ahhh! Pero me dije:

pues nada, a pasarlo lo mejor posible mirando las modelos de la programación de

la tele, que a pesar del friecito salen en paños tan menores que no sé cómo no tiritan,

¡brrr!. Eso. Bueno, al menos a refrescarme los deseos con el relevo australiano y a viaje lo

demás. Pues sí señor. Pero como les decía, que las desgracias... ya se sabe, cuando

enciendo el televisor, ¿qué veo, santísimo sacramento? La antena del edificio chunga,

porque sólo se ven imágenes distorsionadas y a esta hora ¿quién localiza al antenista? No

te atortojes, muchacho, que el infarto está esperando... Memorias, cartas, fotos, música...

Y a dormir mientras sonaban campanadas, voladores, cohetes, petardos, gritos

humanos y ladridos de perros. Se acabó. Y el mentecato ese que predijo que iba a

detener el reloj de la Puerta del Sol a las 12 debe tener la lengua en el tercer ojo. Lo

que me da por pensar a esta hora de la ya madrugada y en esta circunstancia, me

acuerdo que pensé. Pero a lo que vamos, Mamerto, que eso no podía ser todo, no.

Antes de acostarme se me cayó el pomito de colonia barata que uso y que siempre

me echo en las axilas para dormir fresco y oloroso, aunque duerma más solo que un

camello perdido en el Gobi. Pues el pomito se hizo añicos, y con la recogida de

los pedacitos me corté un dedo, el pulgar de la mano izquierda, y a echar sangre,

que yo cuando me corto dejo escapar sangre media hora. Ja. Increíble, ¿no? Bien,

después de acostado las últimas noticias mundiales, todas horripilantes a pesar del

año nuevo que lo que promete mete miedo, terror y espanto. Ni una sola buena.

Noticias, digo. Hasta que Morfeo se apiadó de mi angustia. Sin dudas brillante

despedida del 2006... Ah, pero lo peor estaba por llegar: por la mañana, al salir de

la cama después de un mal sueño como era de esperar, y entrar en el baño, voy a

pasarle un pañito al espejo y un astillado me cortó el dorso de la mano derecha,

como para completar. Y otra vez la sangre, hasta que me cansé de apretarme con

un pañito a ver si contenía la salida y ay, al salir del baño tropecé con la puerta del

ídem, y al entrar en mi habitación tropecé con la puerta de la misma (dos

en uno, si hubiera sido un perro sólo hubiera tenido un tropezón, pero sólo soy un

pobre mortal idiotizado por la propaganda y los anuncios que ya no sabe ni dónde

poner sus pies). Y ahí no acaba la cumbancha, qué va. Al prepararme el jodido y

frío desayuno (siempre tomo la leche fría, desde niño) me derramé el chocolate en

el jersey de dormir, y como colofón me di un golpetazo en la chola con la puerta,

que siempre se me olvida cerrar, del mueble que uso como despensa, a falta de

una propia para el caso. Tres puertas, tres golpes. Y se me queda que al volver a salir

del hábitat por poco me rompo la rótula con el sillón plegable de madera dura, el

sillón donde me siento durante largas horas a leer los libros de la biblioteca

circulante, los periódicos gratuitos, los suplementos que recojo en casa de Javier,  las

revistas que me da don Paco, o los diarios que me agencio del quiosco que está en

Campotejar, cuando la quiosquera, tan lela ella, se entretiene conversando sobre la

última bronca que pasaron por la tele entre un par de guaricandillas que se ganan

la vida divulgando indecencias ajenas y propias, además de algunos sueltos que me

caen de flai, y a oír la música de emisoras como Onda Melodía que no habla de política

ni de fútbol, y todo eso en la santa paz de mi espacio cerrado, en la maravilla del

silencio y el esplendor de la soledad reconfortables ambos en mis ratos de intimidad

privada o viceversa. Y qué suerte, me diría Juan Beltrán, que no te cortaste cuando

te afeitabas, ¿eh? Jodedor este Juan, sí señor. Pues eso, baby, que este primer día

del año la verdad que ha sido un acontecimiento. No me puedo quejar. Hay quien

no ha podido atragantarse con las 12 uvitas. A ver si para esta noche ya está bien

la antena, que estoy cansado de leer a Martin Amis y de escribir boberías en el IBM,

que no sé ni qué carajo voy a hacer, porque de calle ni pensarlo, que días como

hoy los carteristas toman las calles revolucionariamente. No. Pues nada, hijo, feliz

año nuevo y ánimo, que todavía estamos vivos. Si los 364 restantes son como éste,

mejor apaga y lárgate, chaval. Y de contra, Macarena no me dio un puñetero timbrazo

para decirme, al menos, que cuando le den cristiana sepultura a su abuelita, pues

vamos, quizás podamos vernos y estar un ratico solos y sin compañía, aunque no

sea 31 de diciembre ni haya uvas para atragantarnos ni campanadas en la Puerta del

Sol ni una mierda de brindis ni... Hombre.



Augusto Lázaro


@augustodelatorr

domingo, 22 de diciembre de 2013

ESPAÑA... ¿CON TODOS?

Reproduzco un artículo publicado en la edición digital de la revista TIEMPO en la sección El rincón del lector, titulado ESPAÑA... ¿con todos?


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como una comparsa...

Ha sucedido otras veces, la última durante la etapa de efervescencia de los Juegos Olímpicos: toda España parecía vibrar con la esperanza de que fueran concedidos a la ciudad de Madrid. No se oía ni veía en ningún medio una opinión en  contra. Si las había, permanecían ocultas o a nivel de calle y en voz baja. Eran opiniones silenciosas, opacas, “prohibidas”...

Ahora sucede lo mismo con la cacareada consulta soberanista de la Comunidad Autónoma de Cataluña, llamada pomposamente Generalitat. Parece que toda España está en contra de que se celebre esa consulta popular, que nadie opina una palabra en su favor, que si existe una opinión contraria a la oficial, es otra vez una opinión silenciosa, opaca, “prohibida”...

La unanimidad no existe y nunca ha existido ni existirá, porque no hay dos seres humanos que piensen igual sobre cualquier asunto. Pretender que todo el mundo piense igual sólo se comprende en un régimen totalitario como el cubano o el norcoreano. Y ahora, con este asunto de la alharaca independentista catalana, parece que todos los periódicos, todas las radios, todas las televisiones, en fin, todo el mundo, está en contra de esa consulta popular. Los tertulianos y sus similares basan su falsa unanimidad en que es anticonstitucional. Vaya palabrita. Como si la sacrosanta Constitución española fuera un digno ejemplo de perfección e infalibilidad, olvidando que no es más que un papel confeccionado y escrito por un grupito de personajes que no eran más que seres humanos como usted y como yo, que por cierto, se han equivocado bastante en los contenidos de semejante Carta Magna. La historia y los hechos lo demuestran.

Pienso que España está jugando con fuego y que se va a quemar de continuar esta actitud de pretender una opinión unánime sobre cuestiones de suma importancia para sus habitantes. Cuando se nota en el ambiente que “todo el mundo” está de acuerdo con algo, es que algo anda muy mal en el seno de la sociedad aparentemente igualitaria en un pensamiento único sin oposición ni discrepancia. No reconocer el derecho a discrepar es mal síntoma: es un síntoma de una sociedad enferma que se hace llamar democrática y con sus pretensiones oficiales pisotea esa democracia, impidiendo por presiones inaceptables que otros piensen distinto a como se piensa oficialmente.

¿y por qué no se permite?, me pregunto...

y encuentro una respuesta fácil: el gobierno y los poderes del Estado y del Reino no quieren permitir que se consulte al pueblo catalán sobre si desea separarse de Estaña y ser independiente, por una simple razón:
el miedo a que el SI gane y entonces todos esos que han insistido tanto en que no van a permitir que eso suceda, tendrán que meterse su intención en salva sea la parte, humillados y vencidos... Pero no hay que asustarse, si tan seguro están de que los catalanes no desean ser independientes, insisto en preguntar: ¿Y POR QUE NO SE PERMITE la consulta? Como ha sucedido en Canadá y sucederá en el Reino Unido. ¿O es que España no puede ser un país civilizado y realmente democrático?

Augusto Lázaro


@augustodelatorr


lunes, 9 de diciembre de 2013

ESPAÑA EN EL CAMINO

1

David Antón, joven menor de 18 años, ha obtenido el título de Gran Maestro de la FIDE (Ajedrez). Confieso que no conocía ningún Gran Maestro de Ajedrez español y me ha sorprendido esta aparición en un país en el que el fútbol, la telebasura, los políticos y sus triquiñuelas, y alguna que otra bobería, logra la atención del llamado “gran público”. Lástima que la danza, la ópera, los museos, y otras manifestaciones del arte y la cultura, no llamen la atención de ese “gran público”, sobre todo de su parte más joven que entretiene su dolce far niente dejando que el tiempo le pase por delante sin que se de cuenta de que le está pasando, y muy rápido, por cierto. Me alegro de contar con este joven talento ajedrecístico al que espero seguir en su prometedor futuro, que ojalá no se vea tronchado por la incomprensión y la estupidez de quienes detentan un poder que parece no saber que existe el arte, la cultura y también el juego ciencia...

2

A todas estas, España sigue con vida, pese a tantos que hacen todo lo posible (y hasta lo imposible) por convertir este país en una de esas naciones a las que irrespetuosamente muchos llaman bananeras como si el cultivo de tan rica fruta pudiera deshonrar a quienes se dedican a tan noble tarea. Sigue con vida, aunque aquejada por una enfermedad que no parece remitir a pesar del esfuerzo tan noble de millones de sus hijos que no quieren verla en tan vergonzoso lugar entre las naciones más desarrolladas del planeta, y cuya medicina curativa pasa por la eliminación (no física, no se asusten, que todavía no me ha dado por mostrar mis instintos criminales) de casi todos los políticos que padecemos y que se empeñan en continuar ocupando responsabilidades para las que no están ni medianamente preparados, además de que han convertido el arte de la política en el gran negocio que da prebendas y sobre todo euros. Euros, lo que más parece interesarle a esos que mandan, o se creen que mandan, cuando en realidad aquí nadie sabe quién es el que realmente manda...

3

Pero no por machacar a quienes nos gobiernan (mal) y a quienes pretenden gobernarnos (quizás peor) vamos a olvidarnos de todo lo bueno que tiene este bellísimo país, no sólo en paisajes, ciudades, cultura y demás, sino en su propia gente, siempre amable, cariñosa, agradable, simpática, y predispuesta a hacerle un favor a cualquiera que lo solicite, sonriéndose en franca amistad, lo mismo con el propio que con el ajeno. Una cosa no empaña la otra. Pero lástima que estemos como estamos por culpa de quienes han tenido la oportunidad de conducir a este pueblo por caminos sin piedras y sólo se han ocupado de enriquecerse, aplastando hasta el más recóndito respeto por el pueblo que inocentemente acude a las urnas en cada nueva convocatoria. Como (creo que) lamentablemente volverá a acudir tan pronto anuncien nuevas elecciones para que sean elegidos los mismos sinvergüenzas de siempre, cuyo único cambio es que ahora sus caras son más duras que antes. Tanto, que en ellas pudiera encenderse una cerilla...

Augusto Lázaro


@augustodelatorr


http://elcuiclo.blogspot.com.es