Jacinto siempre
fue un hombre normal. Hasta que se compró un flamante equipo de TV sofisticado
que ofrecía todas las prestaciones que pudiera imaginar el más exigente
comprador. Llegó a su casa, desarmó el embalaje, extrajo su tesoro, y, como era
persona precavida, tomó el manual de instrucciones y comenzó a leer, paso por
paso, lo que debía hacer para instalarlo y todo lo que después podría hacer con
el televisor de 30 pulgadas, pantalla de plasma, sonido estéreo, alta
definición, 3D, etc. Jacinto miró el aparato y se sintió feliz...
Y comenzó a leer
punto por punto el manual de instrucciones de 24 páginas en letra diminuta que
Jacinto pudo completar por gozar de una vista realmente sorprendente a sus casi
55 años de vida y demás. ¡Benditos sean los manuales de instrucciones! Hay
quienes los leen totalmente y siguen sus orientaciones al dedillo. Los hay que
leen apenas unas cuantas cosas, las que les interesan o las que no conocen de
antemano por propia experiencia. Y los hay que no leen jamás ni siquiera la
portada del manual correspondiente: esos son los felices mortales que
sobreviven a la manualogía. Porque cuando Jacinto comenzó a intentar acometer
las aplicaciones del manual y sus ojos se encontraron con...
Modo de espera,
tamaño de imagen, zoom en el modo de
vídeo del navegador de medios, temporizador de apagado, teclas numéricas, salir
en modo dtv, página índice en modo txt, cursor arriba, cursor izquierda,
avanzar canal, retroceder página, bajar programa, selección del modo preferido,
dual I-II, previsualización, modo epg, biblioteca de grabaciones, retorno
rápido, info mostrar en modo txt, selección de modo de imagen, av fuente, botón
rojo, botón verde, mostrar horario en la GEP, etiquetar/desmarcar,
mostrar/ocultar menú, botón azul, OK, seleccionador, subir volumen, bajar
volumen, desactivar subtítulos, en modo analógico y en modo navegador de
medios, silencio, teletexto, grabación diferida... Jacinto, respirando agitado,
con los ojos muy abiertos, comenzó a sentir un dolor de cabeza tremendo, y...
tiró el manual sobre la cama y se quedó paralizado...
Hace días fui a
visitarlo al psiquiátrico, donde tuvieron que ingresarlo porque su mujer, al
regresar de su trabajo, lo vio arremetiendo contra el televisor y rasgando una
por una todas las 24 páginas del manual de instrucciones a la par que se
arrancaba los pelos de la cabeza y daba gritos estentóreos acompañados de
maldiciones inentendibles... vaya, que la sorpresa que Jacinto quería darle a
su mujercita con motivo de su 25º aniversario, se la dio, pero no por el regalo
de la nueva tele, sino por su ingreso inmediato como candidato a engrosar los
perturbados mentales que llenaban el hospital del que yo regresé pensando en
los que no leen los manuales ni los prospectos ni las instrucciones,
y se enfrentan a
la incógnita de botones, mandos,
enchufes, pilas y demás que nos atosigan actualmente. Puede que se carguen
aparatos y equipos, es cierto, pero... de que no se complican la vida, no puede
dudarse...
Augusto Lázaro
@augustodelatorr
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