lunes, 26 de octubre de 2015

APURATE, QUE SE ACABAN

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Darse de baja de algún contrato de telefonía móvil con cualquier empresa es algo realmente tortuoso y casi heroico, para lo cual se necesita tener algo más que paciencia de gato para pasarse una hora con el teléfono pegado a la oreja, discutiendo con máquinas que no pueden entender nuestras razones, y que en el fondo no es más que un truco de esas empresas para ponerle al infeliz su intención de la baja tan difícil que los hay (y yo conozco a algunos) que con tal de no enfermarse de los nervios o de pescar alguna otra dolencia peor, se tranzan por continuar con el servicio del que quieren prescindir. Me pregunto por qué las operadoras de telefonía móvil no atienden mejor a sus clientes, procurándoles la baja en cualquiera de sus múltiples oficinas, y así todos seríamos más felices y agradeceríamos a esas empresas la “amabilidad” que han tenido con nosotros al permitirnos no consumir bromazepán ni perder tanto tiempo intentando que nos acepten lo que tenemos todo el derecho del mundo: algo tan simple como darnos de baja del servicio contratado. En definitivas, nos van a cobrar la penalización, otro de los engendros diabólicos que padecemos los consumidores abandonados a nuestra (mala) suerte por aquellos que deberían ocuparse más de que estas cosas tan absurdas no nos sucedieran y no estuvieran permitidas...

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Si usted es de los desesperados que están dispuestos a pasar una noche en vela al aire libre (aunque la tempe esté bajo cero) para ser de los primeros en entrar a cualquier tienda que comience ese día las rebajas, le sugiero que no se apure tanto, porque en poco tiempo (y tengo amigos que han pasado por esa experiencia) esos productos que usted piensa adquirir ahorrándose la frustración de no encontrarlos más tarde (¡ay, ingenuidad humana! –los animales no la padecen, son más inteligentes-) estarán muriéndose de tedio en los estantes de esas mismas tiendas, a su precio normal, que por cierto, ¿se ha preguntado alguna vez lo que yo me pregunté la primera vez que conocí las rebajas en este país? Pues oiga, la cosa fue que yo me dije: caramba, si vendiendo estos productos con semejantes y tentadoras rebajas, ganan... porque lo que es perder ninguna empresa va a perder... entonces, ¿cuánto ganan cuando venden esos productos a su precio digamos normal? ¡Ah, Catana! Pues como todo en esta vida es según la dioptría, esto de las rebajas me parece otro truco empresarial (por algo las empresas son millonarias, y seguro que no es por perder vendiendo sus productos a “bajo precio” ni mucho menos por regalarlos con esas ofertas que brindan para que los (...) se “enganchen” y acudan en masa, como usted ha hecho en varias ocasiones. No, amigo, nadie regala nada, ninguna tienda vende nada perdiendo dinero, ni sueñe con eso, así que duerma plácidamente sin hacer la madrugada en una acera tiritando hasta que lleguen las 09.00 y la dichosa tienda abra con sus encantadoras rebajas. Su salud se lo agradecerá. Y quizás su bolsillo también...

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Se dice que los españoles inventaron la siesta. Como nadie ha desmentido tal afirmación la doy por cierta. Lo que no doy por cierto es que las personas llamadas mayores (viejos para mejor entendimiento y razón) necesiten dormir menos que los niños y los jóvenes, o si acaso los “maduros” como también suele llamarse a quienes sobrepasan los TAS (o sea, treinTA, cuarenTA, cincuenTA, etc.). Lo digo porque conozco a uno de esos “viejitos” (tiene según él la hermosa edad de 89 añitos al parecer bien vividos) que duerme... ¡16 horas diarias! Sí señor. Lo sé porque él mismo me lo dijo y además me dijo que había sido él en persona quien había inventado la siesta triple. ¿Cómo es eso?, le pregunté. Y me detalló lo que me hizo saber la cantidad de horas que dormía el hombre cada día de su ya larga vida:

--Pues mira: me acuesto a las 10 cada noche y me levanto a las 10 de la mañana. ¿Qué coño voy a hacer levantado si no tengo nada que hacer? (ya van 12 horas de un tirón). Voy a desayunar a la calle y al regreso, alrededor del mediodía, me tiro en la cama y me echo unas 2 horitas más (y ya van 14). A eso de las dos y media me levanto, meriendo algo suave para apaciguar la tripa, y con la pancita llena me entra sueño y cataplún, a la cama de nuevo y una horita que no viene nada mal, ¿verdad? (y llegamos a las 15). Y luego, antes de cenar, me entra la corcomilla y le doy otro descanso al cuerpo de otra horita (con lo que llegamos a las dichosas 16) hasta que me levanto, me pongo a ver la tele y me entra el sueño alrededor de las 10, a veces más tarde, y...

Y eso. El hombre se dispara 16 horas diarias durmiendo. Para el libro Guinnes, al menos de los humanos, porque los koalas duermen 20 horas y a ésos no hay ser humano que les gane, a no ser que esté en hibernación, esperando que la ciencia descubra el secreto de vivir eternamente para que lo despierten y seguir así viviendo... digo, ¡durmiendo!, que no es lo mismo, aunque lo parezca...

Augusto Lázaro


@augustodelatorr

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lunes, 19 de octubre de 2015

LO QUE SEA SONARA

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En una democracia (que realmente sea una democracia) jamás debe primar un pensamiento único, o sea, que todos piensen de igual manera sobre algún asunto, por delicado o espinoso que éste sea. En España, en los últimos tiempos, se está cayendo peligrosamente en esta referencia del totalitarismo. Puede que los deseos y las acciones de Artur Mas y los cientos de miles de catalanes que aspiran (y tienen su derecho) a ser independientes no sea del agrado de todos. Incluso puede que esas personas no estén obrando de acuerdo con la ley establecida, que por cierto, carece de tanta objetividad que hace mucho rato está pidiendo a gritos una renovación total que nadie parece dispuesto a plantearla en el Congreso de los Diputados donde se hacen las leyes que tan malas consecuencias traen actualmente. Puede. Pero dos ejemplos anteriores (Québec y Escocia) nos enseñaron que este asunto podría haberse resuelto civilizadamente, dejando que los catalanes decidieran pacíficamente permanecer o no en sus respectivos estados, y en ambos países ningún miembro del gobierno ni de la oposición ni periódicos, emisoras radiales, televisiones, etc., ejerció ningún tipo de presión al respecto, ni a favor ni en contra, como se está ejerciendo en España para vergüenza de los que la tienen (todavía, cada vez menos), donde no encontramos, fuera de la Comunidad Catalana ni un solo medio donde aparezca una sola opinión de alguien que se exprese a favor de la independencia de esa comunidad. Las razones que se alegan para no publicar nada a favor, aparte de que todo no es más que una vulgar censura, son tan absurdas que dan risa. Con esta actitud lo único que se demuestra, por parte del gobierno y de sus seguidores en este asunto, es que existe un miedo atroz a que el pueblo catalán vote a favor de separarse del reino (cosa que debería analizarse seriamente por el poder existente), y además, que mientras más tertulianos, articulistas, opinadores periodísticos, etc., arremetan contra Mas y sus simpatizantes, más los harán parecer como héroes o mártires ante los ojos no sólo del pueblo en cuestión, sino del extranjero que ve con asombro tanto afán enfermizo por demostrar que todo lo que hacen los independentistas es punto menos que un delito. Parece mentira, pero es verdad, que tengamos que padecer políticos con tan bajo nivel intelectual que no comprendan que todo lo que hacen es contraproducente. ¿Por qué no se callan y dejan que se realice el dichoso plebiscito legalmente, y aceptemos TODOS lo que la mayoría del pueblo catalán decida? En definitivas, si yo tengo un pariente en mi casa que no está conforme y quiere largarse, le desearía un feliz viaje, porque como dice el refrán: “a menos bulto, más claridad”. Y no es de inteligentes mantener a alguien que no quiere estar con nosotros y sólo nos creará problemas y dificultades. No aprenden con la historia. Un solo ejemplo: mientras más ametrallaba Honnecker a los alemanes del Este que querían marcharse, más alemanes del Este se arriesgaban a cruzar el muro en el que muchos murieron en el intento. Y OJO: no estoy comparando ambas situaciones, sino el modo de verlas, que no es lo mismo, ni se escribe igual. Creo que con tanta algarabía a un problema que a mi modo de ver está siendo híper exagerado, lo que se demuestra es el poco bagaje político de una sociedad, o mejor dicho, de unos dirigentes de esta sociedad, que responden como borregos al grito de orden del pastor que clama: HAY QUE ESTAR EN CONTRA DE ARTUR MAS Y NO SE PUEDE EMITIR UNA SOLA OPINIÓN A SU FAVOR, NI SIQUIERA APROXIMADA. Cada vez que cae en mis manos un periódico y dentro busco algo relacionado con el brete, siento un rechazo enorme hacia una prensa que dice ser libre... y lo es, siempre que en ella se hable con un solo punto de vista sobre el “problema” de la tan mencionada independencia de Cataluña. Lástima de periodistas donde no hay uno solo que tenga una opinión distinta al pensamiento único... aunque yo sé que los hay que sí la tienen, y que es mucho peor su actitud, ya que se callan, o expresan lo que distan mucho de pensar...

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Pero ya lo dijo Juan Sardá: “lo que sea... sonará”, a pesar de un millón de pensamientos únicos imitadores de los que funcionan en países como Corea del Norte, por citar un solo y triste ejemplo...

Augusto Lázaro


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miércoles, 14 de octubre de 2015

COSAS VEREDES

COSAS DIFICILES DE CREER

Una joven bien vestida de aspecto normal sube al avión y se sienta en su sitio numerado. A su lado hay un señor también bien vestido y también de aspecto normal, que al ver a la muchacha se baja la cremallera y coloca encima del regazo el cojín de vuelo, comenzando unos movimientos extraños. La muchacha, escandalizada, llama a la azafata.
--¿En qué puedo servirla, señorita? –dice la azafata con una espléndida sonrisa.
--Oiga, es que...mire... este hombre... se está masturbando.
La azafata mira al hombre, imperturbable, y se vuelve a la muchacha.
--Pues sí, eso parece... pero ¿qué quiere que haga? ¿Qué busque una tijera y le corte el pito?
Y ante el asombro de la muchacha, la azafata sonríe, se vuelve, y sigue su camino contoneándose según sus posibilidades corporales, ante la boca abierta de la muchacha que no atina a pronunciar una sola palabra...

MATRIMONIO PERFECTO

En una fiesta familiar, Emeterio y Juliana rememoran aquella noche en que ambos discutían cómo se había quitado la vida la pobre Hermelinda, quizás cansada de vivir en la nada y en lo mismo tantos años como había vivido. El marido sostenía que ella se había quitado la vida con un cuchillo de cocina, a lo que había respondido Juliana que no, que había sido con una tijera. Los demás comensales callaron, al presentir que se acercaba una de sus discusiones famosas entre el matrimonio. Poco a poco fueron alzándose las voces discrepantes de la pareja:
--Que no, mujer, que fue con un cuchillo. Si me acuerdo perfectamente que Hermelinda fue a la cocina y allí mismo se lo clavó y empezaron los gritos,
--Parece mentira, Emeterio, los años te están volviendo desmemoriado.
La discusión parecía ganar en apasionamiento, pues ninguno daba su brazo a torcer.
--Fue con un cuchillo, carajo.
--Que no, que fue con la tijera, coño.
La casa donde estaban de fiesta se encontraba cerca de un precipicio que daba al mar, algo fatal que según la guardia costera contribuyó a la tragedia. De pronto, exaltado hasta la médula, Emeterio agarró de zopetón a Juliana por los hombros y la arrastró hasta el borde del precipicio, gritándole con voz de bajo grave en alza que CON CUCHILLO, CONDENADA, CON CUCHILLO... y la lanzó al mar de cabeza. Allá entre las olas, la pobre Juliana, consciente de que la muerte se acercaba sin remedio, pues no sabía nadar, atinó a última hora a sacar los dos brazos del agua, ya casi ahogada, y hacer con una mano el signo de la tijera que tanto había defendido en la mortal discusión con su marido de toda la vida...

DEMADIADAS PALABRAS

Un buen hombre decidió montar un puesto de venta de pescado con el dinero que había ahorrado durante buena parte de su vida. Una vez habilitado su negocio se dio cuenta de que le faltaba el letrero que indicara lo que se vendía. Después de meditarlo mucho, llamó a un pintor amigo suyo y colocó un letrero lumínico que daba gusto verlo, sobre todo de noche. Decía el letrero:

AQUÍ SE VENDE PESCADO FRESCO

Un vecino de la cuadra que pasaba por la acera se fijó en el letrero y le dijo: Oyeme, José, veo que has progresado y que has puesto una venduta de pescado, aunque... –y se quedó mirando el letrero colocado por el dueño del puesto- aunque creo que a ese letrero le sobra una palabra ¿Cuál?, pregunto el propietario. Pues mira, yo creo que sobre la palabra AQUÍ, porque vamos, ya se sabe que es aquí y no en la acera del frente donde se vende el pescado... José se quedó pensando cuando su amigo se despidió, felicitándolo por al mercadillo. Quitó el letrero y colocó otro que decía:

SE VENDE PESCADO FRESCO

Un amigo que había oído lo del puesto se acercó a José y después de darle sus parabienes, se quedó mirando el letrero y no pudo guardarse su opinión sobre el mismo: Mira, José, todo esto está de rechupete, pero óyeme una cosa, ¿por qué no le quitas a ese letrero las palabras SE VENDE? Al preguntarle José por qué le decía eso, el amigo respondió: Hombre, porque todo el mundo sabe que el pecado se vende, no se regala, sobran esas palabras... José, que era persona que sabía oír consejos, volvió a quitar el letrero y colocó el nuevo, suprimiendo lo que le había aconsejado su amigo, de forma que le letrero quedó así:

PESCADO FRESCO

La cuñada de José, mujer que no se detenía ante cualquier idea que se le ocurriera, al mirar el letrero del puesto de su cuñado, le dijo: yo tú quitaba eso de fresco, porque la gente que venga a comprar no va a pensar que tú le vas a vender pescado en mal estado, se supone que esté fresco... José quitó por tercera vez el letrero, dejándolo solo con la palabra pescado. Hasta que un mozetón del barrio que se destacaba por ser un poco burlón, le dijo al bueno de José: oiga, don José, ¿por qué pone ese letrero de pescado, si aquí lo único que se vende es pescado?... ¿no le parece que eso está de más? El bueno de José habló con su esposa, que no había abierto su boca ante tanta alharaca formada por el letrero del puesto, y le dijo, con voz de paciencia agotada:

--Pues óyeme, Engracia, mañana mismo quito el puesto y se acabó la venta de pescado, porque ya no aguanto ni un solo señalamiento más de nadie. Y chirrín chirrán. Aquí no se vende pecado, ni fresco ni podrido, ni nada. Al carajo la venta. Ya buscaré otra cosa para ganarme el pan sin que ningún entremetido venga a decirme lo que tengo que quitar o poner... ¡Y a la mierda!

Augusto Lázaro


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lunes, 5 de octubre de 2015

IGUALES Y DISTINTOS

Leyendo un artículo de Rosa Montero titulado NO HAY NADA MAS COMUN QUE UNA RAREZA (El País Semanal, 9-8-2015, p 74), me acordé de un amigo al que algunos le llamaban “rarito” (no raro, sino así, en diminutivo), porque tenía varias características que para esos propios resultaban fuera de lo común. Y algunas de esas “rarezas” de mi amigo eran que

--no le gustaba el fútbol
--no consumía bebidas alcohólicas
--se acostaba y se levantaba a la misma hora cada día
--no solía irse de juergas ni de putas nunca
--su esposa era la única mujer con la que había tenido relaciones sexuales

Pensando en las características de mi amigo no tuve más remedio que mirarme en el espejo a ver cuántas rarezas yo tenía, y que siempre había creído que eran mías solamente, pues no concebía que hubiera otras personas que las tuvieran. Me atreví a numerarlas y a sacar, entre ellas, las que me parecieron más comunes entre los mortales y que yo había creído hasta entonces que eran, efectivamente, rarezas, porque un día a mí también un amigo me llamó “rarito”, por otras razones que no vienen al caso. Corriendo el riesgo de exagerar pudiera decir que yo tengo la mala costumbre de bañarme todos los días, de cepillarme los dientes 3 veces cada 24 horas, de lavarme las manos en varias ocasiones y siempre antes de comer, y de otras lindezas que harán reír a quienes me lean, pues esas cosas –dirán- las hace todo el mundo. ¡Error! Se asombrarían si descubrieran, como yo, tras un intensivo análisis investigativo, la cantidad de personas que no las hacen con la misma frecuencia que un servidor.

De todo esto puede sacarse una conclusión a priori: siempre que pensemos que nos ocurre algo que nos haga preguntarnos (como me sucedió una vez al padecer un episodio de vértigo que me tuvo maldiciendo mi suerte muchos días) ¿por qué a mí, por qué yo solo padezco este mal?, busquemos alrededor y nos pasará lo inevitable, como me pasó a mí con el dichoso mareo: encontré en el edificio donde vivo nada menos que a 14 personas que padecían o padecieron vértigo, cuando me creía el único desventurado que la mala suerte había condenado a sufrir esa desgracia.

El ser humano, cuando está atravesando un período de afectación de su vida o de su
salud, tiende a creerse que es el único que la padece, y maldice el momento en que ese mal apareció, acusando a la humanidad de no sentir el malestar y la rabia que él siente por esa razón.. Si dedicara algunas horas a investigar, como hice yo en la situación citada, comprobaría que todos tenemos nuestros problemas y no sólo de salud, y así al menos no nos sentiríamos tan abandonados de la suerte y padeciendo en solitario aquello que nos hace maldecir y odiar al prójimo que creemos no padece lo que a nosotros nos hace la vida tan amarga.

Es natural, por supuesto, pensar en uno mismo, egoístamente. Es normal. Pero en tiempos tempestuosos, no por consolarnos, sino por saber que no somos los “elegidos” para padecer cierto mal, conviene comprender que los seres humanos nunca estamos ok al 100%, ni somos saludables al hierro (siempre se tiene algo que perturba ese estado que debería ser el natural de cada persona), ni jamás podemos sentirnos librados totalmente de problemas o situaciones que son inevitables por el solo hecho de vivir y estar en contacto con la humanidad, con la naturaleza, con la vida misma, tan llena de misterio y de sorpresas que muchas veces se nos aparecen para echarnos a perder una hora, un día, una semana, o quizás, para algunos, una vida entera...

Augusto Lázaro


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