domingo, 31 de mayo de 2015

¡AHORA SI!

Julio Iglesias es el que sabe. Lo sabe casi todo. Y ha logrado sintetizar en unas pocas palabras (cantadas, pues hablo, por supuesto, del famoso cantante) lo que fue, es y será esta vida que nos ha tocado en el reparto de desgracias y alegrías. Julio dice, o mejor dicho, canta, la única verdad posible, aunque tantos tontos se crean lo contrario manipulados por tantos listillos que intentan (y logran) convencerlos (a los tontos) de que “ahora sí vamos a cambiar este país”, y etc. Pues en lo que estaba, lo de Iglesias (el bueno): LA VIDA SIGUE IGUAL... Y seguirá, gobierne Juan o Juana, porque como dijo el ilustre sociólogo y demás don Macareno de la Palma Real: “esto no hay quien lo arregle, Mundano”... y perdónenme el pesimismo que yo y Voltaire llamamos realismo, pero la “cosa” es así desde el tiempo de las catapultas, como le dijeron a mi amiga Leila Masdéu un día en una tienda, escogiendo un vestido que a una de esas mujeres que no tienen la facultad del silencio, le pareció que era una moda “del tiempo de la catapulta” para una señora como Leila que frisaba ya un poco más de las 6 décadas.

España va camino al tiempo de la catapulta, pero no creo que debamos echar la culpa a los partidos que van a destruirla si logran el poder total, como todo parece indicar, sino a aquellos ciudadanos que los han votado. Puede que haya muchos engañados, inocentes, ingenuos, pero no puede afirmarse que en España todo el mundo es idiota, porque no lo es en realidad. La pregunta es por qué votan a esos partidos que reciben dinero y ayuda de regímenes tan abominables como Irán o Venezuela (por carambola de Cuba). Es que en este país el odio a todo lo que huela a derecha hace que millones de ciudadanos vean esa agrupación (que de derecha tiene bastante poco, por cierto) como el Diablo que se va a comer a los niños y a enviar a los adultos a las cámaras de gas del nazismo. Ignorancia, claro, y por esa ignorancia España está al borde del precipicio: no sirve de nada la experiencia cubana ni la realidad venezolana. Pero pase lo que pase no espero ver a un Pedro Zerolo protestando en la calle por que sus hermanos de inclinación sexual sean ahorcados en los árboles iraníes ni a las defensoras de la femineidad salir en manifestación por que a sus hermanas las maten a pedradas en plazas públicas de muchos países islámicos. Eso no sucederá. Y me pregunto por qué. La respuesta es muy simple: porque todo es una farsa y no existe verdadera preocupación por defender a los homosexuales ni a las mujeres lapidadas en esos países. Eso es todo. Así de simple. Y de terrible.

Pero no hay que alterarse. No hay que preocuparse. No hay que tomar pastillas para conciliar el sueño. Aquí no va a suceder nada de eso. Ni de lo otro. Ni de lo de más allá. Gane quien gane en las elecciones el Reino Unido seguirá en la Unión Europea, Grecia seguirá en al euro, los inmigrantes seguirán arribando a nuestras costas en pateras improvisadas como los cubanos que se lanzan (todavía) al mar encima de un neumático inflado con una docena de personas (incluyendo niños) a bordo, Urdangarín no irá a la cárcel, la policía seguirá deteniendo delincuentes y los jueces seguirán dejándolos libres al día siguiente, los corruptos no se acabarán, los aforados seguirán siendo miles (único país de la UE), el paro no bajará del 20%, los salarios no aumentarán, el poder adquisitivo bajará más todavía, la paga extra de enero de los pensionistas será un recuerdo triste, las leyes no serán iguales para todos (y nadie las respetará), la III República no se implantará jamás en la península, Al Andalus será española per seculam seculorum, y... ya pueden imaginarse todo lo demás, que desde que el mundo se conoce como mundo LA VIDA SIGUE IGUAL...

Augusto Lázaro


@augustodelatorr



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lunes, 25 de mayo de 2015

¡ASI SOMOS Y SEREMOS LOS TERRICOLAS!

ELECCIONES OTRA VEZ... AHORA SI!!!

Y después del 24 de mayo ¿qué? ¿Alguien cree de verdad que cambiarán las cosas si gana Juana o su hermano? Es curioso el sentido de la perseverancia en la ingenuidad de los votantes (a estas alturas y con tantas experiencias suman millones, es admirable su ingenuidad). Yo a veces caigo en éxtasis cuando veo uno de sus mítines, observando las caras de los militantes o simpatizantes del partido convocante: parecen personas que han alcanzado el Nirvana. Pues ya saben: ¡a votar! (a los mismos, con otros nombres y otras promesas) que después comenzarán los desengaños, las quejas, las protestas, y hasta los insultos. Lo que es difícil es que veamos el arrepentimiento público de quienes dieron sus votos a Juan o a Ladislao, y después se convencieron ellos mismos, a solas, de que una vez más habían sido engañados. ¡Ah, Catana! ¡Cuán fácil es engañar a los pueblos!

TERTULIAS REITERATIVAS Y TODOS PERFECTOS

Cuando hay elecciones a la vista es difícil escaparse de su mediatismo exagerado. Claro que con este asunto los periodistas se toman un respiro, al menos mental, pues no tienen que pensar en nada nuevo ni inventar ni romperse el meollo elucubrando la información que al día siguiente el director del diario o del programa va a exigirles. No. La noticia está ahí, a las puertas, como esperándolos para darles lo que ellos (y el público que la consumirá) desean y esperan: líderes, mítines, encuestas, cálculos, pactos, quién, qué partido, cómo lo harán, cuándo se conocerán los resultados finales, por qué éste sí y aquél no, etc. Sí señor: ser periodista en tiempos de elecciones (casi todo el tiempo) no es tarea difícil para las neuronas: sólo estar atento a cables, mensajes, informaciones por fax, eso. Y a repetir, que total, ¿qué otra cosa va a decir un político que no haya dicho ya y que todo el mundo no haya oído? Nada. Pues eso, majines, el 24, en septiembre, a fin de año, el año próximo, o sea, siempre, como diría el sociólogo Macareno de le Palma Real: “¡ay, cuánto extraño este tiempo sin elecciones... cualquiera se aburre!”

ESTA (MALA) MEMORIA DE LOS ELECTORES

Lo que resulta más curioso es ver y oír a los aspirantes a vivir como Carmelina a costa del pueblo que los vota: si aplicamos la aritmética a las promesas de cada concursante (porque no otra cosa que un concurso es la política en elecciones) sumamos más de mil proposiciones y promesas que enardecen las masas irredentas que van a ser redimidas definitivamente por los nuevos césares cuando tomen el poder que corrompe no sólo a quienes no lo tienen ni pueden alcanzarlo, como justifican los listillos, sino a quienes lo alcanzan, lo disfrutan y a vivir, que son dos elecciones solamente, aunque los hay que han vivido durante mucho más de dos. Pero ya se sabe que la memoria del pueblo está de atar y tirar en un contenedor: a los pocos meses ya todos se olvidaron de las promesas, los planes, las propuestas de los nuevos elegidos formuladas antes de ser elegidos, y ahora el pueblo a los bares a hablar de fútbol o a acordarse de que la señora Tal dijo que iba a hacer tal cosa y mira cuánto tiempo ha pasado y de aquello nada y de lo otro... pues nada, majín, yo le voy al Madrid, ¿y tú? Pues yo al Barsa, ya sabes que yo soy culé... y hasta unas nuevas elecciones y unas nuevas promesas que tampoco se cumplirán, aunque eso sí, los mítines estarán al tope y las urnas repletas de nuevas boletas para elegir a los nuevos que vienen cargados de buenas intenciones... que es el mejor modo de empedrar los caminos del infierno, según dijo Crisóstomo Buendía una mañana en que se le murió la única vaca que tenían para darle leche a sus 8 hijos...

Augusto Lázaro


@augustodelatorr



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domingo, 10 de mayo de 2015

LA DEBACLE

1

Como la espuma se elevó, rompiendo todas las alturas y quizás glosando las huestes que quisieron alcanzar el cielo con su torre de Babel, confundiendo sus lenguas para no poder entenderse según cuentan las llamadas sagradas escrituras... Y ahora, comienzan a abandonar la tan peligrosa obra de alcanzar el cielo con esa torre en forma de escalera de caracol. Es que por mucha labia que se tenga, el empeño a veces resulta más grande que los empeñados. Y eso ha sucedido a quienes quisieron hoy y aquí construir una nueva torre de Babel para alcanzar no el cielo sino la Moncloa, que para algunos es mejor que el mismísimo, ya que da fuerza, poder, dulce vida, figurao y sobre todo, dinero, mucho dinero, que es, en definitivas, lo que importa. Pregúntenselo a algún político a ver: seguro que va a decir que el dinero no le importa. Hombre, si fueran sinceros no serían políticos...

2

La hipocresía es patrimonio exclusivo de los seres humanos, pero de ellos la de los políticos sobresale por su enorme desfachatez. Los políticos se dedican, entre otras cosas, a mentir, engañar, prometer cosas que ellos mismos saben que no van a cumplir. Es natural. Si no fuera así no serían políticos. Y no me hablen de las excepciones, que en todos los sectores de la vida las hay, a veces muchas, a veces pocas. Pero lo que vale no es la excepción, sino la regla. Sin embargo, lo que me llama la atención no es la hipocresía de los políticos, sino la aceptación que tienen en las masas que saben muy bien cómo manipularlas y llevarlas a las urnas a depositar sus votos una y otra vez, sabiendo (porque no pueden ser tan tontos) que no van a recibir nada de lo que tanto han oído, leído y visto prometer. Es interesante y digno de un estudio serio de un sociólogo de reconocida trayectoria un estudio pormenorizado y profundo sobre el por qué el pueblo acude en masa a votar por sus líderes que los han engañado tantas veces y que los volverán a engañar una vez más. Yo no me atrevo, por dos razones: 1) porque no soy sociólogo ni tengo capacidad para hacer ese estudio, y 2) porque he llegado a la triste y real conclusión de que sería perder el tiempo, porque como cantó Julio Iglesias, la vida sigue (y seguirá) igual. Y que me llamen pesimista. Que tendrán razón...

3

La figura del líder, contra lo que puede pensarse, es lo más fácil de crear, sobre todo en los pueblos adormecidos por el opio de la política, que unido al de la religión, forma un dúo que atrae a las masas hasta el punto del ridículo (esas multitudes que alcanzan el paroxismo ante el líder, como esos jóvenes que caen en éxtasis ante el grupo musical de su predilección que les provoca histeria con gritos, exclamaciones, llantos, y hasta desmayos por desmesurada emoción colectiva) y eso se observa en cada reunión o asamblea convocada por cualquier grupo político: lleno completo de personas que parecen borrachas de adicción a sus líderes que les están diciendo lo que ellas desean que les digan, y lo peor, que la mayoría sabe que es mentira eso que les trasmiten con énfasis. Porque las masas son así de fáciles: primero las convencen, después van a votarlos, y al final, lo mismo: nada de nada, pero siempre culpando a la situación o a los opositores, al mal tiempo, a los errores de algunos que han sido separados del grupo, etc. Siempre aparece alguna excusa para no cumplir lo que se promete. Y siempre está el pueblo ahí, aplaudiendo... siempre aplaudiendo...

Augusto Lázaro


@augustodelatorr

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