miércoles, 29 de abril de 2015

EL SIGLO DE LA VIOLENCIA

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El siglo XXI parece aspirar al (des)honroso título de EL SIGLO DE LA VIOLENCIA. Al fundar el periódico LA RAZON su expresidente y/o exdirector don Luis María Ansón declaró que éste sería EL SIGLO DE LA RAZON. Se equivocó. Nunca antes se había visto tanta violencia tan seguida, y ahora, con los medios de información tan desarrollados, casi se ve “en vivo y en directo” cómo degüellan a mansalva a seres humanos, cómo matan a pedradas a mujeres enterradas en una plaza pública con sus cabezas fuera para recibir las piedras, cómo cortan lenguas, brazos o piernas a personas por el solo hecho de haber cometido algún delito menor, cómo aplican la ablación criminal a niñas casi recién nacidas impidiéndoles el disfrute del sexo en su madurez,
cómo lapidan vivas a mujeres que sufren una muerte siquiera más horrible, cómo cuelgan de los árboles a los homosexuales, cómo torturan a los toros ante la exclamación de gozo de un público que parece drogado para celebrar tamaña bestialidad, cómo los hombres arman guerras en todas partes y atacan, destruyen, asesinan, arruinan, siembran el terror, el hambre y la muerte, y toda esta horrenda panorámica parece que no excluye ningún punto cardinal de La Tierra, y lo peor, parece que no hay fuerza humana ni divina capaz de detenerla... ¿El siglo de la razón? No me haga reír, don Luis María...

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El panorama es desalentador: de muy poco, por no decir de nada, sirven tantos organismos y organizaciones creados con el fin de mantener la paz en todo el orbe, paz que apenas se consigue por retazos poco duraderos, porque en cualquier parte del globo puede en cualquier momento encenderse la llama y explotar. ¿Cuánto hace ya que las niñas secuestradas por Boko Haram en Africa corren el destino maldito que no se imaginaron? ¿Y quién se ocupa de enmendar este entuerto? (por poner un solo ejemplo del horror que padecemos los que nos sentimos vulnerables a cualquier barbaridad sin que hagamos hecho nada para merecer este destino de terror, injusticia e impunidad de los verdugos) ¡Nadie! El mundo sigue andando y los ojos de millones de inocentes se cierran para siempre esperando tontamente que alguien acuda en su ayuda e impida que se cometa otro crimen más repugnante y horrible.

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No me inspira ninguna confianza esta humanidad: la estupidez, la mentira, el engaño, la política del YO y los demás que se jodan, el desentendimiento de lo que sucede ante ojos que no quieren verlo ni hacer nada por evitarlo... ¿hasta cuándo? En este planeta matar se ha vuelto una acción casi normal sin mayores consecuencias. Quien tiene padrinos elude el castigo, la desvergüenza ante la impunidad ya no se oculta, se proclama como si tenerla fuera un mérito, un honor, una garantía de que hay una bula que permite el robo, adornado de la desfachatez de los acusados que declaran TODOS que son inocentes, que no sabían, que no quisieron, que no podían imaginarse, que no eran ni estaban, que no... mientras el pueblo no convertido todavía en comparsa que aplaude a estos delincuentes (cada día más) se siente consternado como un náufrago que carena en la playa de una isla por donde jamás pasará un barco salvador a recogerlo y regresarlo sano y salvo a su casa que fuera un día el “hogar, dulce hogar” que poco a poco estamos convirtiendo en un recuerdo...

Augusto Lázaro


@augustodelatorr



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miércoles, 22 de abril de 2015

¿POLITICOS BUENOS?

Reproduzco el post publicado en La Envolvencia el 14 de abril de 2010 por su plena actualidad:
¿POLITICOS BUENOS?
--Tiene que haberlos -le dije a mi amiga Esther, que tras echarse el último buchito de su cortado se apresuró a encender un pitillo.
--Eres un ingenuo -me dijo, lanzándome una bocanada en pleno rostro-. Si fueran buenos no serían políticos. Listos sí, pero buenos... y por cierto, ¿cuál es tu concepto de político bueno?
Pues le di también un último traguito a mi descafeinado (que he cambiado por el acostumbrado cortadito), reprochándole por milésima vez el feo vicio que tenía de echarle humo a sus pulmones, con el riesgo de que me repitiera, también por milésima vez, que sus pulmones eran suyos y que no mareara más la perdiz con el rollo de la fumadera, que igualmente compraba los pitillos con su dinero, no con el mío. Pero en fin, le expuse que yo entendía por político bueno (y caí en el lugar común manido) un político honrado, honesto, decente, que se dedicara a servir al pueblo, parte del cual lo había elegido para eso y no para otra cosa. Pedí otro cortado para ella y otro descafeinado para mí, mientras Esther se echaba a reír con su boca abierta totalmente.
--No tienes remedio. Eres un ingenuo, te lo repito.
--Mujer de poca fe -le repliqué, al darle el beso de despedida, porque anunciaron por la megafonía que mi tren se aproximaba. Esther se quedó en Chamartín, esperando lo que no le pregunté, pues conociendo su carácter me hubiera mandado a la...
En mi casa me puse a pensar en la conversación, y en los puntos que Esther me había enumerado por los cuales estaba convencida de que no existen políticos buenos. Porque la casi totalidad de los políticos -me había dicho, apolismando el cabito en un cilindro para desperdicios- se dedican a:
1) ganar bastante pasta y vivir como jerarcas en espacios que rebasan los mil metros cuadrados.
2) prometer todo lo prometible y calidad suprema (como los turrones de La Viuda) de vida si son elegidos para posar sus traseros en las instituciones correspondientes (Congreso, Senado, Ayuntamientos, etc.).
3) no cumplir nada de lo que prometieron antes de ser elegidos.
4) salir en periódicos, revistas, suplementos, la radio, la televisión, etc., figurando en otro etilo de famoseo, quizás menos chusma que el rosa, pero igual de sandio, y ganarse la fama que los ayude a ganar la fortuna que tan pronto toman posesión de sus cargos empiezan a amasar.
5) insultarse unos a otros, echándose la culpa de todo mutuamente, haciendo el paripé de que son los más veraces, los más esforzados, los mejores de la historia, y que los adversarios son los peores, etc.
--Pero... ¿y el pueblo?
--Desde luego que contigo... -me dijo, antes de separarnos.
Y con la duda metida entre las cejas, la llamé por teléfono, diciéndole que tenía razón, pero que se había olvidado de las infaltables excepciones.
--¿Por ejemplo?
--Pues...
Pero no me acordé de ningún nombre de los llamados "padres de la patria". Parece que mi memoria no anda bien del todo en esas lides.
En fin, señoras y señores, que vuelvo a citar a mi tío Pancho Casas cuando me dijo, siendo yo un crío que escuchaba con atención porque quería aprender de personas como él: "de los políticos no esperes nada, sobrino, porque... to's son peores", atusándose el bigote blanco y lanzando el periódico al cesto con tremenda puntería. Quizás otro día me dé por hablarles de Esther, que como todas las mujeres tiene un sentido práctico más desarrollado que los hombres, y de su curioso trabajo. Ahora estoy preparándome unos macarrones con algo que parece carne. Que lo pasen estupendamente.
Augusto Lázaro
@augustodelatorr

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jueves, 16 de abril de 2015

NUEVAS PINCELADAS IBERICAS

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Dos asuntos de los que nadie puede librarse: política y fútbol: aparecen en todos los medios, en todos los lugares y en todas las horas. Son una plaga mediática. Y al menos el fútbol es un deporte que entretiene sanamente, aunque en los últimos tiempos eso de sanamente está en entredicho por la violencia que acompaña a sus eventos en los estadios y en sus alrededores. Pero la política... alguien dijo que era el oficio de los que no tenían oficio y estoy por creérmelo, porque vamos a ver: ¿puede ser un oficio mentir descaradamente como hace la mayoría de esos especimenes que cobran en un mes lo que yo en varios años, por ejemplo? Pues eso, que como cantaban las huestes cubanas cuando la Revolución era el “futuro luminoso” que tanto prometieron los nuevos césares que tomaron el poder por la violencia: “(...) y el que no le guste, que tome purgante”.... Una vez me dijeron en un bar, disfrutando yo de un apetitoso chocolate con churros, al enterarse, tras una respuesta educada, pues hablaban de un partido celebrado la noche anterior, que a mí no me gustaba el dichoso deporte: “oiga, amigo, la verdad que es usted un rarito”... Así como suena...

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España, donde los maleantes caminan por las calles como dueños del espacio: Urdangarín, Cristina, los Pujol, Chaves, Griñán, Bárcenas, Blesa, algunos etarras, los de Gurtel, los de los ERE, delincuentes detenidos 30, 40, ¡50 veces! Y soltados al día siguiente... y el tiempo pasa y tal parece que la Gran Justicia Española está esperando que los delitos de esos individuos prescriban (ese engendro diabólico que sólo favorece a los malos) para así dejarlos tranquilos y que sigan robando y delinquiendo a sus anchas, sintiéndose dueños y señores de este pobre país al que tanto pisotean sin que nadie ni nada logre detener sus delitos...

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Además de los baches que inundan las calles de nuestra ciudad capital del reino de España, hay que soportar las sacudidas que provocan en cualquier vehículo esos relieves que ni sé cómo se llaman, colocados según oí decir un día, oigan esto: “para evitar accidentes del tránsito”, cosa que por supuesto no evitan lo más mínimo, ya que la mayoría de los conductores los ignora olímpicamente, pasándoles por encima a millón y molestando a los viajeros impotentes ante tanta estupidez. Esos relieves, a mi modo de intentar descifrar su intríngulis (inútilmente, porque el intríngulis es indescifrable), sólo sirven para:

1)     reducir el tiempo de servicio de los vehículos, ya que cada vez que pasan por encima de ellos se maltrata su carrocería

2)     molestar a los viajeros que experimentan algo así como si sus órganos internos estuvieran desprendiéndose abruptamente

3)     fastidiar a los conductores que no saben si aminorar la velocidad cada vez que ven uno acercándose al cristal delantero de su transporte, o acelerar pensando que así no van a sentir el golpe y la sacudida al cruzarlos (a cualquier velocidad es igual de machacón)

En fin, que como dijo el lindacara... perdón, el ex lehendakari Juan José Ibarretxe: “este es un país de locos”... o de otra cosa que no quiero pensar, que yo tampoco soy infalible y me equivoco bastante en mis apreciaciones intempestivas, hombre...

Augusto Lázaro


@augustodelatorr



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domingo, 5 de abril de 2015

LOS TRAIDORES NO PADECEN INSOMNIO

(Reproduzco un antiguo post porque algunos amigos me lo han pedido y porque creo que mantiene su plena vigencia ante un peligro que nos amenaza y que muy pocos alcanzan a apreciar)
Hace 40 años vi una película japonesa titulada Los malos duermen bien que me puso a pensar. Y concluí en que generalmente el título hace justicia a la injusticia de que los malos casi siempre son quienes disfrutan del sueño de los justos (ironías de esta vida que nos ha tocado) haciendo realidad el conocido refrán de que "los buenos se van y los malos se quedan". Claro que esto es sólo una aproximación a nuestra realidad social, porque en España hay muchos malos, quizás demasiados para la nobleza de este pueblo que los padece con increíble impotencia. Sin embargo, la plaga peor son los traidores, también disfrutando de bienes y raíces y sobre todo de esa palabrita que tanto nos duele cuando la percibimos tan frecuentemente: impunidad.

El camino de la traición

Cuando me enteré (no recuerdo por qué medio de información) de que un alcalde en Aragón había suprimido las fechas conmemorativas de la religión católica (que es la mayoritaria en España) y como contrapartida había instalado en su zona la celebración de las fechas del Islam (de veras que no sé si fue imaginación mía, porque me cuesta trabajo creer todo esto) me puse a pensar en el país en que vivo y terminé decidiendo que al menos tiene una originalidad europea, porque no conozco otros donde este tipo de traidores pueda permanecer impune sin que todo el pueblo se lance contra ellos para que sean juzgados y condenados por algún tribunal con vergüenza, que los hay sin dudas, mientras que a otros infelices por robar un pedazo de pan (recordar Los miserables, esa estupenda novela de Víctor Hugo) son metidos entre rejas por un tiempo que a veces resulta desproporcionado.

El camino de la entrega

En este bello país hay dirigentes políticos y de otras especies empeñados en entregarle una parte de España (quizás toda España) al fundamentalismo islámico. De que eso es así no lo dudan ni siquiera los tontos, tan notorio se está haciendo el intento. Y ante esta situación me asombro de que nadie salga al paso a estos vendepatrias que cuando menos deberían estar entre rejas, ya que aquí no existe la pena de muerte, y ni siquiera, para ser más buenos que Juan Tontín, la cadena perpetua, y por el contrario, las leyes casi siempre apoyan, defienden y protegen a delincuentes y criminales que muchas veces se van de rositas ante sus fechorías probadas. Lamentable.

El último camino

Y además me pregunto: ¿tendremos que presenciar el triste espectáculo de ver a algunas de nuestras mujeres apedreadas en una plaza pública? ¿O lapidadas en vida? ¿O golpeadas salvajemente por sus maridos con la autorización de esa nueva religión que se impondrá? ¿O tapadas hasta los ojos con ese infame burka que humilla y desprecia a la mujer? ¿O a los homosexuales colgados de los árboles por ser homosexuales? ¿O a los "infieles" perseguidos y encarcelados hasta que mueran de vejez y privaciones en las cárceles? ¿O al pueblo sometido a acciones y creencias que no desea hacer y sustentar bajo pena de muerte? Pues me niego a creer que esto pueda suceder. Y clamo contra esa Alianza de civilizaciones que no es otra cosa que una traición a los valores morales, espirituales, sociales, culturales y religiosos de nuestra sociedad occidental que nada tiene que ver con esas sociedades donde impera el salvajismo y con las cuales no podemos en manera alguna coincidir ni apoyar.

¿Pagarán sus culpas quienes quieren llevarnos al desastre? Ya con la que está cayendo de la economía teníamos bastante. Ahora también esta amenaza que no parece preocupar a nadie, porque parece que nadie cree que esto pueda ocurrir. Pero todo es posible... y como todo es posible, porque cosas más difíciles de creer han sucedido, esto podría ocurrir... si permanecemos impasibles, porque como dijo José Martí: "los malos (que no padecen insomnio) imperan donde los buenos son indiferentes".

Augusto Lázaro
@augustodelatorr
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