miércoles, 28 de mayo de 2014

SOLEDADES

La soledad puede ser una compañera ideal, una solución al intento frustrado de encontrar una pareja, la respuesta al hastío que se tenga del ambiente exterior, la costumbre de la falta de costumbre de andar en compañía de grupos, síntoma de inferioridad para relacionarse con los demás, o de superioridad al considerar a los demás inferiores, muestra de desajuste del sistema cerebral del solitario, o del ajuste perfecto al encontrarse en su justo medio sin necesidad de ninguna relación con otros, y... en fin, que habría un infinito etcétera para intentar definir una situación o actitud que sostienen muchas personas a las que a veces otras muchas personas acusan de casasolas, antisociales, egoístas, enfermos, locos, engreídos, pobrediablos, y otro largo etcétera que no vale la pena describir. Cuestión: ¿es buena, regular, mala la soledad para un ser humano? Creo que la pregunta no tiene adecuada respuesta, pues como en tantas actitudes, la virtud o el defecto de la soledad habría que encontrarlos caso por caso, y no generalizar una respuesta, que, como siempre sucede con las generalizaciones, sería errónea...

Generalmente se ha relacionado la soledad con el oficio de escritor, y esta opinión no es desacertada, porque no se concibe un escritor creando sus obras rodeado de personas o en un lugar donde haya mucha algarabía, conversaciones, ruido de coches, música, etc., con el consecuente vocerío que difícilmente podría ayudar a la concentración y el silencio que se necesita, creo yo, para darse a la tarea de  llenar una pantalla en blanco (ya casi nadie escribe en el papel). O sea, que (en mi opinión) para escribir la soledad no sólo es beneficiosa, sino incuestionable. Y esa soledad no significa que quien escriba en ella sea o esté loco, desequilibrado, en babia, o pueda catalogarse como antisocial, casasola, marginal, etc., como no faltarían personas que lo llamaran así...

Pero la soledad no es patrimonio exclusivo de hombres y mujeres que se dedican a la creación literaria (¿y por qué no artística, científica, técnica, etc.?). En la historia y en la misma literatura abundan casos de personas que llevan una vida casi totalmente en soledad, detestando la sola idea de convivir con otras personas, y ésas que viven en la soledad más drástica, a veces ni siquiera son cultas, inteligentes, desarrolladas, sino simplemente seres humanos que han renunciado por voluntad propia a relacionarse con sus congéneres, y no siempre les va mal, según el caso. O sea, que la soledad es universal y general, y puede, como la gripe, afectar a cualquier ser humano. No hay por qué adjudicársela solamente a aquellos que se dedican a escribir o a crear obras de arte o a inventar cosas nuevas para la ciencia moderna que ayudarán a las personas, y para eso necesitan hacer su trabajo a solas, sin bulla humana ni ruido ambiental o mecánico...

Augusto Lázaro
@augustodelatorr


domingo, 18 de mayo de 2014

¿NECESIDAD DE MENTIR?

Nada vale la pena, le digo a mi imagen reflejada en el espejo, conciente de que el espejo es lo único que jamás me ha mentido, contando las 3 divisiones naturales: personas, animales y cosas. Porque aparte del espejo, que pertenece a las cosas, y de los animales que no mienten porque no hablan, las personas que he conocido a lo largo de mi vida me han mentido, al menos en algún momento, y muchas, demasiadas, en muchos y demasiados momentos. Sí, me he vuelto pesimista, mejor dicho, me he vuelto mucho más pesimista ahora que hace 10 o 25 años, porque pesimista he sido siempre, desde que di el salto inevitable y peligroso de la infancia a la adolescencia, en la cual comencé a descubrir cuánta maldad podía esconderse tras la fachada de los seres humanos...

Cada nuevo día que salgo a la calle y me encuentro con alguien que conozco, veo en sus ojos falta de sinceridad, porque la vida que vivimos y todo lo que nos rodea nos obliga a tener una máscara que usamos con todas las personas con las que tenemos algún tipo de relación. Mentir se ha convertido en cosa natural, y lo hemos aceptado como lo normal en nuestras relaciones diarias con los seres humanos que cada vez se alejan (nos alejamos) más de la sinceridad...

Algunas personas se escudan para mentir en situaciones de excepción o en la llamada "diplomacia" (que no es más que hipocresía) de que no siempre puede decirse la verdad, y señalan ejemplos, entre ellos los siguientes:

--si te enseñan un recién nacido que es un coco, no vas a decirle a la madre "qué niño tan feo, coño"

--si te acercas a la cama de un moribundo ¿vas a expresarle tu dolor porque está a punto de fallecer?

--si te preguntan cómo estás, suponiendo que estés que no quieres ver a nadie, no te vas a salir con "estoy fatal, no quiero hablar contigo ni con nadie, así que circula, hombre, y déjame en paz"

Y así muchos ejemplos de muchas situaciones que si bien es cierto que son casos excepcionales, nunca justificarían mentir para quedar bien y engañar al interlocutor. ¿Qué pudiera decirse en estos casos? Muy sencillo: si el niño referido es un coco, no tienes que elogiarlo, simplemente decirle a la madre que te alegras de su nueva condición y ya está, por ejemplo. Y así en todos los casos. El caso es que para cualquier situación yo entiendo que no es obligatorio mentir, siempre puede salirse del paso diciendo una verdad, como en el caso del moribundo: ¿por qué tienes que hacer alusión a su estado de salud en fase terminal? ¿Es imprescindible?

Pero no hay manera: seguiremos mintiendo, porque esa es nuestra idiosincrasia inevitable, y ejercerla es más que una costumbre, una característica propia de los seres humanos. Pero lo peor, lo que realmente puede hacernos mucho daño (y a veces nos lo hace en demasía) es que nos mentimos a nosotros mismos, engañándonos, diciéndonos cosas en las que no creemos, y soñando despiertos (que es tan bonito como inútil), y sobre todo, prometiéndonos que haremos lo que sabemos que no vamos a cumplir. Eso, aunque nos pese reconocerlo, es la peor variante de ejercitar el "arte de mentir"... porque hay quienes proclaman que mentir es un arte. Y no todos somos artistas...

Augusto Lázaro
@augustodelatorr



domingo, 11 de mayo de 2014

ESTADO DE BIENESTAR

I

YO, desempleado, o como se dice aquí: parado. ¡Qué vacilón! Nunca imaginé que se pudiera vivir tan bien siendo un parado. Si el gobierno me mantiene... hombre, no voy a decir que con un sueldo astronómico, pero con lo que me da voy tirando, y con otras chapucillas que hago por ahí no digo yo... Pues como decía, si el Estado me mantiene (no sé si es el gobierno o el Estado, pero me da igual), ¿para qué coño quiero trabajar? Tener un empleo con lo que eso significa de deberes, horarios, responsabilidades, ocupación de casi todo el tiempo, el imbécil del jefe dando órdenes y nunca conforme con lo que haga, y sobre todo, no poder dormir la mañana, que tanto me gusta, ni echar una siesta de una horita después del almuerzo... ¡qué va! De eso nada, monada: yo, parado, y a mucha honra, que en definitivas en este país dentro de poco vamos a ser mayoría absoluta, y cuidado con pasarse, que tendremos una fuerza tal que gobierno y Estado temblarán cuando nos movilicemos y cerremos todas las ciudades que nos dé la gana, en caso necesario... Así que adelante con el paro, que yo ahora es que soy verdaderamente feliz...

II

TU, ratero, y con suerte, pues hay una ley que dice que robar, mejor dicho, hurtar, menos de cierta cantidad que no recuerdo ahora, no se considera delito: sólo falta y no tanto como para llevarte a una comisaría. No. Si te pillan, llaman al vigilante, el vigilante te mira, te quita lo que has hurtado, te da una palmadita en el hombro, y oiga, amigo, parece mentira, a su edad, esto no se hace, ¿es que usted no conoce la ley?, bueno, venga, circule, ande, y nada más. Pero eso si te pillan, que en el 90% de las veces ni se enteran los empleados del centro comercial donde sueles operar. No problem, como dirían los ingleses, y a viaje, a seguir en las andadas, que con tu suerte y tu adiestramiento en el oficio, vaya si te buscas un dinerito diario que al mes viene siendo casi como el sueldo de un funcionario de menor categoría, hombre...

III

EL, estudiante universitario. A veces se pregunta cómo diablos llegó a la Universidad, si tenía más suspensos que aprobados desde la Secundaria, y aunque lo pasaban de curso, se quedaba en babia con tantas materias tan duras que no acababa de asimilar. Y ahora en la Universidad ni se diga. Que esto no hay quien lo entienda, vamos, se repite a diario cuando se enfrenta a nombres, hechos, países, inventos, que nunca ha oído ni sabe quiénes ni cómo ni dónde ni cuándo ni por qué. Nada de nada. Pero para qué atormentarse, él sabe, él conoce, aquí aunque salga de la Universidad con o sin título y con esa cara de burro indisimulable que se gasta, si logra un buen enchufe con el tío Robustiano, que tiene relaciones y eso es lo que vale, su futuro está asegurado. Si, hombre, a dejar de preocuparse con eso del Medio Oriente (¿qué diablos será?), la Economía Sumergida (qué palabritas se buscan), el tal Bárcenas... bueno, a ése sí lo ha oído mencionar alguna vez, pero en fin... Nada, socio, lo tiene fácil: el tío, el enchufe, y adiós a la rompedera de sesos, que él no nació para intelectual ni nada que se le parezca. Y además, él sabe muy bien que esos que han estudiado tanto no tienen ni dónde caerse muertos. Aquí, el “furbo”, la tele, el enchufe, y a vivir, que son dos días, tío. Lo demás es una gilipollez...

Augusto Lázaro


@augustodelatorr



domingo, 4 de mayo de 2014

YO, NO CLAUDIO

Todos los días al despertarme sé lo qué voy a hacer, cuándo, dónde, cómo y por qué: sin variaciones, ni viajes, ni encuentros con ningún ser  humano que no esté en el pequeño grupo de los que inobjetablemente tengo que tratar a diario. De mis seres más queridos, aparte de mis hijos, no sé nada: unos al otro lado del Atlántico, otros desperdigados en otros continentes, con los cuales hace mucho tiempo que he perdido el contacto, y con los pocos con los que me comunico con frecuencia vía Internet sólo me relaciono por esa vía, muchos de ellos ni siquiera vistos en persona, salvo un único amigo conocido de hace casi medio siglo, con el que (con ese sí) me escribo diariamente...

Yo mismo me pregunto por qué mi vida se ha reducido a esta situación que hace apenas una década era impensable, pero no logro encontrar la respuesta convincente. Sólo considero 3 razones posibles:

1) porque así como vivo me siento muy bien y ningún cambio me interesa

2) porque estoy harto de la maledicencia, la mentira, la hipocresía y a veces la maldad que noto en muchos seres humanos a los que tengo que tratar por distintos motivos

3) porque no vale la pena a mi edad emprender nuevos derroteros ya que no tendría razón cierta ni motivación sincera y por tanto todo conduciría a un gran fracaso

El camino hacia la soledad más absoluta no se busca: a veces, como en mi caso, aparece sin llamarlo. Sobre todo cuando se tiene, también como yo, un espacio donde realizar casi todas las acciones mentales y físicas que se hacen a diario. Sobre esta situación las opiniones son tantas y tan diversas que algunas dan risa. Los hay que afirman que la soledad envejece, enferma y mata. Hasta ahora no he notado ninguno de estos 3 síntomas. También los hay que elogian al solitario hasta elevarlo a la categoría de iluminado, lo que por supuesto no creo ser ni creo que haya alguien que lo sea. Y cómo no, hay otros que ni una cosa ni la otra. Pero el caso es que cada cual habla de la feria según le haya ido en ella. A mí la soledad, hasta ahora, no me ha generado ningún problema serio. Y la ventaja es que cuando deseo compañía la busco o la tengo y allá voy, aunque no siempre, lo confieso, encuentro el tipo de compañía (femenina) que me gustaría encontrar...

Resumiendo: la soledad es como el helado de chocolate: hay quienes se engolosinan con él mientras que otros sólo de verlo sienten náuseas. Pues no hay problema: lo importante en la vida es que cada cual se sienta bien haciendo lo que hace y viviendo como vive. O como puede vivir, que no es lo mismo...

Augusto Lázaro
@augustodelatorr