domingo, 27 de abril de 2014

LO HAGO POR TU BIEN

Si te digo que debes cuidar tu prestigio y por lo tanto no te conviene tener una  relación de mucha intimidad con Fulano, por esto y por lo otro, con esa acción te estoy demostrando que:

--me considero capacitado para decirte lo que debes hacer, o sea, me considero más capacitado que tú, pues creo que no eres capaz por ti misma de analizar lo que debes o no hacer

--te estoy faltando al respeto al considerarte una persona que no tiene suficiente capacidad para analizar y razonar y necesita de alguien que le indique que lo que está haciendo está mal y debe rectificar radicalmente su actitud

--soy un entrometido y un metomentodo al inmiscuirme en asuntos que no son de mi incumbencia, ya que tú eres mayorcita y si no te das cuenta de lo que haces que yo creo que está mal debes salir de ese embrollo por ti misma

Esta situación no es excepcional: sucede a diario entre amigas (o amigos) cuando una de ellas observa a la otra que está haciendo algo que según la primera, desde su punto de vista y su visión de la vida y del mundo, no es correcto, porque puede traerle consecuencias negativas. Y esto triunfa cuando la segunda no tiene una mente firme y suficiente para responder que ella se basta para saber lo que le conviene o no, en este caso una relación con un amigo que a la primera al parecer le cae mal por alguna razón.

Nos asombraríamos si conociéramos el número de personas que gustan de andar por ahí dando consejos y opiniones amparadas solamente en su afán de meterse en lo que no les importa, con tal de sobresalir ante los demás y aparecer como gran consejer@ a quien deberían ir a consultar sus problemas todos los vecinos o conocidos. Conozco a una (en este caso es una mujer) que es especialista en abordar a cualquiera, pero sobre todo a aquellas personas de mente frágil que se dejan engatusar con los "sanos" consejos de quien pretende ser su amiga y lo que hace lo hace porque la persona aconsejada “le importa”. El caso me ha tocado de cerca, por eso hablo con conocimiento de causa... y de efecto.

Claro que todo el mundo es libre de hacer lo que le plazca o de guiarse por consejos, sugerencias, opiniones, etc., de otras personas cuando las consideran por encima de sus posibilidades de razonamiento o de actuación, aunque en el fondo detrás de estas actitudes lo que se esconde es un gran prejuicio ante la sociedad en que se vive, que en una gran proporción se dedica, en lugar de atender a sus propios asuntos, a estar pendiente de los asuntos de los demás. Vamos, que no es nada nuevo: existe desde los tiempos de Ñañá Seré...

Augusto Lázaro

@augustodelatorr


domingo, 20 de abril de 2014

TAN REALES, TAN HUMANOS...

1

Una señora, muy alterada, al bajarse del autobús se dirige a un agente de la policía y le suelta:
--Agente, agente, oiga... mire, me han robado el dinero... ahí en el autobús. Me lo han robado...
El agente le pregunta dónde tenía el dinero y la señora, nerviosa, mirando al autobús que ya está lejos, le dice:
--Bueno, agente, yo... yo lo tenía aquí –y le señala el interior de su busto.
--¿Y no sintió una mano en su busto, señora, cuando le robaban el dinero?
La señora, algo avergonzada, mira al agente y le confiesa:
--Bueno, mire, señor agente, es que... sí sentí una mano que se metía entre mis senos, pero... es que pensé que tenía otras intenciones...

2

Don Iluminado de la Luz Clara y Bengochea es una persona simpática que cae bien a todo el mundo. Buen carácter y sonrisa que jamás se opaca ante ninguna circunstancia. Cuando don Iluminado entra en el bar, se le acercan y lo rodean, a ver con qué se aparece, porque eso es otra cosa: siempre tiene algo que contar, y con chispa.
--Pues sí, amigos, como se los cuento: el hombre es tan aficionado al fútbol que ya van tres las mujeres que lo dejan...
--¿Y eso por qué, don Lumi?
--Pues porque... oigan esto: en plena temporada, cuando se sienta con su pareja de turno a ver la tele (en este caso un partido de fútbol) y ella siente deseos de... de eso mismo que ustedes están pensando... pues, el hombre la mira, mira al televisor, y le dice: “mujer, ahora no, que estoy viendo el partido”... y ante esa reacción tan elocuente sobre lo que es tan importante para él, la mujer se retira a su dormitorio pensando en buscar un sustituto, porque le dice a sus amigas, una de las cuales me lo ha contado, que: “chicas, la verdad que a este hombre yo creo que con lo único que se le levanta es con un gol”...


3

En un caserío cercano a las vegas de tabaco de San Luis, provincia de Pinar del Río, Cuba, en la década de los 50, vivía un hombre tosco pero simpático, que de lejos parecía algo tonto y de cerca lo era, al que los diablillos le hacían bromas para reírse a su costa, lo que al bueno de Kolinos (ese era su nombre) le divertía: “es que me quieren”, decía a los curiosos. Dos anécdotas suyas acreditan que de tonto realmente tenía muy pocos pelos...


Kolinos se paraba en una esquina del camino, esperando al punto que siempre aparecía y picaba. El punto, que venía con otros cúmbilas para burlarse del “ignorante”, le ofrecía a Kolinos dos monedas, una grande y otra pequeña. La pequeña era de 10 centavos y la grande de 5.
--Kolinos, mira, aquí tienes dos monedas, ¿cuál prefieres?
Kolinos sin vacilar cogía la más grande, o sea, la de menos valor (5 centavos), rechazando la pequeña, de 10 centavos. Los jodedores se reían y se burlaban, retirándose y volviendo la cabeza con sus carcajadas a distancia. Un vecino le preguntó un día a Kolinos al respecto y éste le dijo:
--Muchacho, si cojo la moneda de 10 centavos nadie más me va a dar nada, pero si la que cojo es la de 5, se corre el rumor y vienen más para presenciar el espectáculo del tonto cogiendo la moneda de menos valor...

Otro día un curioso provocó a Kolinos, achuchado por los jodedores del caserío, que le habían dicho que el hombre prefería las yeguas a las mujeres. Este, enterado de la habladuría, decidió darles un escarmiento.

--Ven acá, Kolinos, ¿es cierto que tú prefieres a las yeguas en lugar de las mujeres?
--Pues sí, muchacho, así es: prefiero las yeguas.
--Pero, Kolinos... bueno, ¿y por que prefieres a las yeguas?

Entonces Kolinos, pensando que era él quien estaba tomándole el pelo al listillo enviado, contestó con mucha circunstancia:

--Bueno, muchacho, pues prefiero las yeguas porque... porque no hay que mantenerlas... (y soltó una carcajada que se oyó en el poblado cercano)...

Augusto Lázaro
@augustodelatorr


domingo, 13 de abril de 2014

ETERNA REPETICION

I educando al pueblo
Madrid, 19 de junio de 2009
Los vigilantes de seguridad suben al tren. Comienzan a hacer su recorrido por los vagones. Ven a un gamberro con los pies sobre un asiento y le dicen "por favor, baje los pies". El gamberro los baja. Los vigilantdes continúan su recorrido por los demás vagones...
Madrid, 11 de enero de 2014
Los vigilantes de seguridad suben al tren. Comienzan a hacer su recorrido por los vagones. Ven a una gamberra con los pies sobre un asiento y le dicen "por favor, baje los pies". La gamberra los baja. Los vigilantes continúan su recorrido por los demás vagones...
Madrid, 3 de septiembre de 2019
Los vigilantes de seguridad suben al tren. Comienzan a hacer su recorrido por los vagones. Ven a un señor corpulento con un bocadillo en las manos y con los pies sobre un asiento y le dicen "por favor, baje los pies". El señor corpulento los baja. Los vigilantes continúan su recorrido por los demás vagones...
II para que hechos como éste no se repitan
Cuando se comete un error grave por alguna institución estatal (por ej., una operación en la que el paciente quedó parapléjico) el gobierno siempre acude a una de sus frases favoritas: "tomaremos medidas contundentes para que hechos como éste no se repitan". Con ese sonsonete pretende consolar a los afectados que sólo reciben una indemnización económica y si acaso una disculpa de algún representante de la institución (en este caso Salud Pública) que se reúne con ellos y hace esa declaración en los medios de información. Esa cadena de errores no es casual ni ocasional: se cometen a diario. La solución que la institución afectada encuentra es entregarle una suma de dinero al dañado para toda la vida. Lo más lamentable es que tanto perjudicados como perjudicantes están convencidos de que “hechos como éste” continuarán repitiéndose por los siglos de los siglos... (Amén)
III el pueblo aprende... ¿aprende?

Cada vez que hay elecciones millones de ciudadanos con derecho al voto acuden a las urnas a votar por sus candidatos favoritos: creen en ellos, creen que quizás esta vez sí se va a arreglar la situación, con el nuevo gobierno se resolverán nuestros problemas, hay que tener fe, ya verán... y etc. Pasan los meses y los electores se van convenciendo de que estos nuevos gobernantes son iguales o peores que los anteriores, que sus promesas no se van a cumplir, y que la situación del país deja mucho que desear, etc. Pasa el tiempo que nunca se detiene. Vuelven otras elecciones. Millones de (los mismos) ciudadanos con derecho al voto acuden a las urnas a votar por sus candidatos favoritos: creen en ellos, creen que quizás esta vez sí se va a arreglar la situación, con el nuevo gobierno se resolverán nuestros problemas, hay que tener fe, ya verán... y de pronto la profesora dicta: alumnos, comiencen como siempre con la fecha: hoy es primero de abril de 2027...
Augusto Lázaro
@augustodelatorr

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domingo, 6 de abril de 2014

LA ULTIMA OPORTUNIDAD

Subió al autobús, pensando que quizás ella viniera en él. Y esta vez tuvo suerte: ella estaba sentada, conversando con una amiga, como siempre con su sonrisa que tanto le gustaba. Se saludaron y enseguida él caminó hacia el fondo para ocupar uno de los últimos asientos. Se acomodó y la miró, como siempre la miraba, con aquel amor que había surgido hacía mucho, y que por lamentables equívocos la había mantenido alejada durante para él ya demasiado tiempo...
El autobús circulaba lentamente (a esa hora había mucho tránsito y muchos viajeros en cada parada), ella y su amiga seguían conversando, y él seguía mirándola, lamentando esa interrupción ajena que le impedía compartir su asiento y disfrutar, como siempre lo hacía, de estar a su lado y sentirse, gracias a ella, dueño del mundo y con los deseos de vivir a la máxima potencia...
De pronto la amiga se puso de pie para bajarse en la cercana parada. Se
despidieron y una vez fuera, la amiga alzó la mano y la saludó a través del cristal de una ventanilla. En ese momento él reaccionó, pensó en un segundo levantarse y acercarse al lugar anhelado ahora vacío, y compartir con ella unos minutos antes del fin de su recorrido. Pero no lo hizo. Siguió mirando su pelo color cáscara de plátano (estaba de espaldas) y se preguntó tontamente si a ella le gustaría que él se sentara a su lado.
¿Por qué dudó? ¿Por qué no se levantó y acudió a sentarse junto a ella, como otras veces antes había hecho? Sólo unos segundos de vacilación bastaron para que el autobús siguiera su trayecto y casi sin darse cuenta, ya estaba llegando a la última parada. Entonces él se dio cuenta de que había fallado: quizás esperaba que ella se volviera y lo llamara, pero eso no era excusa: había perdido esa oportunidad de compartir a solas unos minutos tal vez definitivos en una relación que él pensaba que podía cristalizar, porque... ese era el último día que ella trabajaba cerca de donde él vivía, y ya a partir de mañana quizás no volvería a verla...

Augusto Lázaro

@augustodelatorr
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